KEIKO FUJIMORI VS OLLANTA HUMALA: ¿QUIÉN ES EL "MAL MENOR"?
Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo
"La libertad abstracta, al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada"
Edmund Burke
La segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala parecen desafiar la ética liberal de algunos de los electores indecisos o de otros demasiado convencidos. Por esa razón, expondremos que la figura del "mal menor" es contradictoria y ambigua con un principio central que el liberalismo democrático pretende defender: la noción de justicia.
Carl Schmitt decía que el "estado de excepción" es análogo al milagro en la Teología: un hecho extraordinario, pero que prueba quién es el verdadero soberano entre los hombres: Dios. Sin embargo, Schmitt entendía que la "excepción" se relacionaba a las situaciones de peligro del Estado, como las guerras civiles o externas. El Perú no se encuentra en esa situación, por más que algunos quieran ver en la elección de Humala y Fujimori algo semejante al punto más profundo del Hades. Es un error tomar la actual coyuntura como una situación en donde uno tiene que tomar las armas de "cruzado" y luchar contra lo que considere los sarracenos. Para empezar una batalla es necesario calmar las aguas y analizar las "siete plagas de Egipto" en su real dimensión.
¿Qué es el mal menor? En primer lugar, la elección del mal menor no deja de ser, bajo el punto de vista ético-liberal, la elección del mal. El profesor Gamio ha descrito de manera brillante cómo las tragedias griegas confrontan no sólo las posturas del "bien contra el mal" -tal como podría pensar Leo Strauss-, sino las del "bien contra el bien" o el "mal contra el mal". Esto ha sido llamado por el profesor Gamio como "el dilema trágico".
Fuente: www.economist.com
Es profundamente correcto el razonamiento. Pero el gran problema es que también se da lo que Arendt llamaba "la banalidad del mal": la relatividad de la justicia y el bien en pro de una causa "más verdadera" o "más justa". Que las posturas de Keiko Fujimori sean execrables y nauseabundas no eliminan el hecho de que Humala sea autoritario, populista y militarista. Pero, justamente, Arendt ha explicado de manera brillante cómo ante un "enemigo común" el bien puede ser puesto entre paréntesis o en suspenso. Es como aquella frase popular que postula que "ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón". Por tanto, el "mal menor" no es una opción defendible desde la ética liberal; sino una opción política con ropaje ético: la ética supeditada a la historicidad de la política.
De este modo, lo que realmente atenta contra la ética liberal es la suspensión de la noción de lo justo y lo bueno con la excusa de la lucha contra el enemigo común y la necesidad del "mal menor". Puesto que en esta lógica el "mal menor" del 2006 fue Alan García; el "mal menor" del 2011 es Ollanta Humala. Y, lógicamente, el "mal menor" del 2016 será Kenyi Fujimori.
Ahora bien, si en caso suspendemos la moral liberal para elegir el "mal menor" en estas circunstancias extremas que requieren defender la "democracia que tanto nos ha costado obtener", habríamos que decir que Nicolás Maquiavelo, Thomas Hobbes y Carl Schmitt siempre estuvieron en lo cierto: la moral liberal no es más que una ilusión en las circunstancias en las cuales hay que preservar el régimen político existente.




Comentarios
Si vamos más por el liberalismo de Hume y Mill, encontraremos que hay en cada individuo una racionalización de las decisiones que tomará en el dominio de sus placeres. La gente se pone medianamente de acuerdo en racionalizar sus expectativas, al punto de afirmar que solo hay malas elecciones (la primera característica que encuentras en el liberalismo). Habrá de elegir a la mejor de ellas.
Tomar en consideración que en este escenario la gente abandona la noción de bien, es más decir que la gente deja de ser proactiva y se desvincula del ejercicio democrático de elegir en lugar de descartar opciones. Llamar a la justicia forma parte de una acción dentro de un orden político, no prepolítico como los individuos en los relatos de Hobbes. Tu hallazgo más descansa en la escisión del matrimonio liberalismo democrático; y se vuelca más interesante si sugiriese que no obstante el peso de ambas tradiciones los electores peruanos no abstraen mucho la noción de mal menor, sino la emplean de acuerdo a sus intereses más propios y según lo que divulgadores de opinión importantes opinan y señalan, sin hacer razonamientos más cautos entre una premisa y otra. Poco abstractos, al contrario, son bien empíricos.
Te felicito por tu comentario, me ha parecido excelente. Creo que debí recalcar que mi crítica al liberalismo es al "liberalismo político", aquella tradición de Locke, Montesquieu y Tocqueville.
Me parece interesante que menciones a Hume y Mill, porque un liberal siempre se ha caracterizado por el escepticismo. Por eso es que me sorprende que algunos puedan estar tan "seguros" de la elección de Humala como el "mal menor".
Con respecto a la mayoría de la población, en realidad no me refería a cómo los electores deciden su voto. Mi punto es: ¿cuál es el fundamento ético de decir esto es "mal menor" y esto es "mal mayor"? Para mí no es posible desde los cánones de la ética liberal; por el contrario, esta se hace desde la tradición que yo, personalmente, suscribo: la tradición antiliberal de la política.
un abrazo,
C.
Las circunstancias en torno a las cuales se habla de mal menor, dificultan la práctica de tradiciones de pensamiento, como el que acusas de ética liberal. No solo es el hecho de que quienes hablen de mal menor no estén conscientes de las creencias liberales que están pensando, también sus actos y comentarios no se ajustan a las premisas de la ética liberal. Un ejemplo de esto puedes encontrarlo en un individuo que pese a que señala que respeta las opiniones de cada quien, vertidas en un foro de discusión, termina por enérgicamente tachar de idiota a su contraparte. Otro mejor, en uno que vota a un candidato por que éste acaba de pronunciarse a favor del aborto, declarando luego que una mujer no debe trabajar si esta casada; solo su marido debe cumplir es tarea sea cual sea la circunstancia. Ambos ejemplos sugieren aparentes contradicciones después de afirmar una idea o una decisión sensible a una calificación liberal dentro de la ética liberal. Otros de ellos puedes oírlos en conversaciones en espacios públicos, además de los que se abren virtualmente en internet.
Una ética seguida de contradicciones en las ideas como la de estos ejemplos, no vale a extraerse que se practica un pensamiento ético organizado sobre una concatenación de ideas más coherente. Antes de hablar de un pensamiento ético como la ética liberal, y solo sobre-ordinar que actitudes no siguen sus criterios, me parece más dable partir de ejemplos seguidos de juicios en este sentido. Llegados a este punto, ya tú solo puedes rebatir tu segundo supuesto.
Por último, a diferencia tuya en acusar tradición liberal de la antipolítica, planteo lo siguiente: sin una mayor actividad propiamente política entre nosotros, mucho más difícil será poner en práctica pensamientos éticos. La secuencia seguida por Aristóteles, por el contrario, la debemos invertir.
Más saludos.
La verdad es que no entiendo bien tu segundo comentario. Dices que debemos poner un ejemplo empírico para poder analizar la figura del "mal menor". Pero, si en caso has visto el título de este post, el asunto es analizar esta idea a la luz del argumento de que Humala es el "mal menor" de Keiko. Ese es el "ejemplo" y sobre ello se basa este post, no entiendo por qué te desvías del tema.
Los supuestos que me otorgas la verdad es que tampoco los encuentro. Claro que hay ética al señalar el "mal menor", pero es justamente una ética que se acomoda al vaivén de la política, lo cual es contradictorio hasta cierto punto con una ética liberal, que es a-histórica. Por otro lado, yo nunca he dicho que los electores puedan ser consignados como liberales: ¿de dónde salió eso?.
Te recuerdo que la discusión que planteo es con respecto al "mal menor" en el contexto de las elecciones actuales en el Perú. No nos salgamos de este "evento".
saludos,
C.
Comprendo que tu intención en esta entrada es elaborar una reflexión netamente sobre las ideas de las tradiciones éticas y políticas. Solo que sumé a ella la posibilidad de que la abras a comprender lo que puede contener por separado la idea de mal menor, de cara a constatar otros eventos específicos y considerar que el tema es de sumo interés para la gente que más lo ha oído y divulgado.
Si tienes inconveniente en proseguir así, no hay problema. Tú también puedes elegir ahora el mal menor.
Encantado de haberte escrito, Carlos.
Muy buen post. Sólo algunas precisiones:
1.- No desarrollas el concepto de justicia ni tampoco el de "justicia liberal" - que podría ser puesto en suspenso - ¿Cómo criticar la "ética liberal" sin explicarla?
2.- Mi perspectiva sobre los conflictos entre males (incluido el que vivimos) se instala en la perspectiva de la tragedia griega y no en el del liberalismo (Berlin desarrolla el tema desde el pluralismo liberal).
3.- Tu descripción de la banalidad del mal en Arendt tiende a ser equívoca, y lo planteas desligada de la Shoah. Tampoco se entiende cómo ilumina el caso particular que discutes.
4.- Pareces suponer que es posible suspender la influencia del bien y la justicia sin aludir a otra percepción del bien y la justicia. Esa me parece una genuina ficción de las CCSS que en la ciencia política y la sociología desciende a nivel de dogma. Es preciso discutirlo desde la epistemología y la ontología de la praxis.
5.- Una observación de autores. Dicha "suspensión" tanto en Maquiavelo como en Schmitt es más que discutible.
6.- La reflexión en mi post pretende tener la forma de una deliberación. No es una "reacción".
7.- La ética liberal es "ahistórica" ¿Para quién? Los filósofos liberales actuales (incluidos Rawls, Rorty, Berlin, Gray y tantos otros, jamás aceptarían algo así.
Un abrazo,
Gonzalo.
Si algo caracteriza la postura de Schmitt, es precisamente la referencia a un orden teológico al cual el soberano se subordina. En suma: no es la decisión la que determina el estado de excepción, sino el estado de excepción el que determina la decisión.
Desde este punto de vista no existe el mal menor. Solo existe el mal y el bien. El bien es la defensa de la autoridad, el mal es la defensa del caos.
El bien se sustenta en el vínculo teológico-moral-político. El mal se sustenta en el triunfo de lo económico sobre lo político, en el culto al hedonismo.
Para citar un botón:
"Nada goza hoy de mayor actualidad que la lucha contra lo político. Financieros americanos, técnicos industriales, socialistas marxistas y revolucionarios anarcosindicalistas se unen para exigir que acabe el imperio nada objetivo de la política sobre la objetividad de la vida económica. Basta de problemas políticos y sean bienvenidas las tareas técnicas de organización, las cuestiones sociológicas y económicas. La actual manera técnico-económica de pensar no es capaz de percibir una idea política." (Carl Schmitt, Teología Política, Trotta, p.57)
Me parece interesante la reflexión, sin embargo no estoy de acuerdo con el presupuesto que manejas de la justicia en el liberalismo. Lo anterior, en tanto el liberalismo no tiene como premisa básica la justicia. La justicia, a diferencia de los modelos platónicos, aristotélicos o tomistas, no es ya la primera virtud, aquella que respondía a una ética objetiva y que subordinaba a la libertad (uno era libre, para actuar justamente).
Por el contrario, la justicia en el liberalismo parte de una ética subjetiva. Tal es así, que McIntyre puede trabajar su crítica al agente moral autónomo (agente presupuesto en el liberalismo), desde una perspectiva tomista, calificando a este agente como uno falto de verdades absolutas, sobre las cuales empezar a construir un sistema de pensamiento.
La justicia, para el agente moral autónomo, implicaría el respeto de su autonomía (es justo que uno sea libre y pueda autodeterminarse).
Cada sujeto, en el liberalismo, tiene la libertad para determinar lo que es justo y cuáles son los medios que tiene que utilizar para alcanzar los fines justos propios, teniendo como límite, la libertad del otro, ya tenemos así la “regla de oro” que aparece en los trabajos de Mill o el "balance de los arbitrios individuales" que desarrollara Kant en la Metafísica de las Costumbres. Todo ello nos lleva a entender que, para el liberalismo, no existe un criterio univoco de justicia.
Me parece que le estas asignando un criterio univoco de justicia a un modelo ético (el liberal) que precisamente niega tal característica, porque limitaba al individuo a las disposiciones de una entidad política determinada. Precisamente, el agente moral autónomo en base al discernimiento podrá llegar a las respuestas justas en su propia vida. Por ello, en tanto haya decisión propia y discernimiento sobre los fines individuales, la decisión que se tome (cualesquiera que sean las opciones) será una decisión justa.
Precisamente, una ética objetiva nos permitiría decidir claramente entre lo bueno y lo malo, sin dudar que el bien se manifieste como parte de la decisión y gracias a ello, la elección seria clara. Para el pensamiento liberal no queda, entonces, concepto del bien básico desde el cual tener una respuesta final a estas decisiones, cualquiera que se tome, será justa, porque ha sido tomada por el propio agente.
Jorgesp
Saludos,
Christian