LAS FORMAS DE INTERVENCIÓN ESTATAL EN EL MERCADO Y SUS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS
Carlos Eduardo Pérez Crespo
La discusión sobre cómo y cuánto debe intervenir el Estado en el mercado
tiene distintos exponentes en la economía, tales como Paul Krugman, Joseph Stiglitz y Amartya Sen.
En la ciencia política la discusión ha encontrado a sus máximos académicos en Adam Pzreworski, Seymour M. Lipset y Francis Fukuyama.
Sin embargo, en los análisis de los politólogos se suelen analizar las
variables macroeconómicas (PBI, Ingreso per cápita, Gini, etc.), no desarrollando
con minuciosidad las consecuencias que las regulaciones del Estado generan en
la microeconomía, es decir, en los consumidores y productores de bienes.
A continuación presentamos sólo tres formas comunes como el Estado interviene
en el mercado: el precio tope, el salario mínimo y los impuestos. Esto nos dará
un panorama muy general sobre las consecuencias que ello tiene en las políticas
económicas y cómo no todo impuesto de por sí es bueno, ya que depende del
carácter elástico o inelástico de la oferta o la demanda para saber a quién
finalmente terminará beneficiando o perjudicando: ¿a los vendedores o los
compradores?
a) El precio tope
El precio tope consiste en promulgar una ley que pone un precio máximo al consumo
de un bien. Si este precio está por encima del precio de equilibrio del mercado
no hay consecuencia significativa, debido a que no se afecta el punto de
confluencia entre la curva de la demanda y la oferta.
Sin embargo, cuando el precio tope se encuentra por encima del punto de
equilibrio sí hay consecuencias importantes en tres dimensiones. Primero genera
una escasez del bien regulado, porque con el nuevo precio máximo la cantidad
del bien demandado excede a la cantidad del bien ofrecido. Asimismo, ello produce
una mayor actividad de búsqueda del bien porque es menor la oferta, lo cual
origina una mayor inversión de tiempo y esfuerzo para encontrar la
disponibilidad del bien. Por último, aparece el mercado negro como una
alternativa a la disminución de la oferta, por lo cual los precios pueden ser
mucho más elevados que los del equilibrio en este nuevo escenario, ya que no
está normado el precio y ante la escasez los contrabandistas pueden elevar
mucho el precio.
Ahora bien, la razón detrás del precio tope implementado por los gobiernos
está en que se busca imponer un criterio de reglas justas. Por ejemplo, imponer
un precio tope al alquiler de viviendas lograría que los desfavorecidos y
pobres logren acceder a un alquiler a un precio más barato. No obstante, no se
logra en la práctica dicho resultado porque se produce un alto excedente del
consumidor (hay viviendas más caras que el precio tope), un excedente del
productor (hay viviendas más baratas que el precio tope) y una pérdida
potencial de dinero y tiempo en la búsqueda tediosa de viviendas ante la
disminución de la oferta (una pérdida económica irrecuperable).
Por esa razón, los precios topes suelen ser ineficaces porque los gobiernos
suelen utilizar tres principales criterios para la asignación justa de los
bienes. El primero es similar a ganar una lotería: logran obtener un bien los
que tuvieron suerte de encontrar la oferta en el tiempo y el lugar preciso.
Segundo, los que se anotaron primero en la fila de espera de la asignación del
bien son beneficiados. Finalmente, ganan aquellos que tienen vínculos con algún
funcionario público que puede ayudar a la obtención del bien. En todos los
casos, la determinación del precio tope no genera un resultado que beneficia a
los más pobres, sino que distorsiona por completo la oferta y por tanto la
forma como se soluciona el problema de la demanda.
b) El salario mínimo
El salario mínimo se refiere al sueldo que el trabajador debe recibir como
mínimo por su oferta de trabajo. Si el salario mínimo está por encima del
salario de equilibrio, no hay problema. Pero si el salario mínimo está por
encima del salario de equilibrio se generan problemas porque la oferta de
trabajo disminuye (las empresas contratan menos personal) y la demanda se
mantiene (hay más gente que desea acceder a un empleo), por lo cual hay un excedente
de demanda: muchos trabajadores quedan en el desempleo.
Al igual que en el caso del alquiler de viviendas, se busca crear un
salario justo y mínimo como derecho social. Pero esto crea un excedente de oferta
en las empresas y un excedente de demanda de trabajadores en el mercado.
En ese sentido, el salario mínimo crea una asignación ineficiente de
empleos porque los criterios para ofrecer un trabajo con salario mínimo sólo
benefician a los que ya se encuentran laborando de manera estable, ya que tienen
un incremento en el salario. Sin embargo,
perjudica a los que buscan un trabajo, por lo cual hay una pérdida económica
real por el mayor tiempo que toma obtener un nuevo empleo.
En ese sentido, la medida que se planteaba como justa termina siendo
injusta, porque sólo beneficia a un pequeño grupo: los que tienen un trabajo
fijo. Pero no beneficia a los desempleados ni tampoco mejora la calidad del
trabajo. En ese sentido, las empresas pueden potencialmente ofertar más trabajo
y los trabajadores demandar también más
empleos, pero la ley no permite concretar este acuerdo porque el salario mínimo
se encuentra por encima del salario de equilibrio.
c) Los impuestos
Los impuestos son una regulación del Estado sobre las ventas o la
producción para obtener el ingreso fiscal. Los impuestos pueden basarse en dos
principios: a) el principio de los beneficios, en donde las personas deben
pagar impuestos en la misma cantidad a los beneficios que reciben de los
servicios que proporciona el gobierno; y b) el principio de la capacidad de
pago, en el que las personas deben pagar impuestas de acuerdo a la facilidad
con que pueden pagarlos.
Lo importante sobre los impuestos es que depende de la elasticidad de la
oferta o de la demanda si el impuesto termina siendo pagado mayoritariamente
por los vendedores o los compradores. En ese sentido, no todo impuesto es justo,
porque de acuerdo a la elasticidad perjudica a uno de estos dos.
c.1) Impuestos en una demanda elástica e inelástica
Cuando la demanda es elástica significa que los compradores consumen un
bien que puede ser reemplazable por otro, en caso el precio se incremente. Por
ejemplo, el consumo de lapiceros rojos: en caso suban mucho de precio, los
compradores se moverán a otro producto como los lapiceros negros.
Es por esa razón que con la elasticidad de la demanda el precio pagado por
los compradores se mantiene, ya que los vendedores son los que tienen que pagar
la mayor parte del impuesto incluido en el precio de venta. Esto es así porque
si los vendedores elevan el precio, perderán a sus compradores porque reemplazarán
el bien con una nueva demanda. Así, los vendedores terminan pagando la mayor
parte del impuesto; y para cubrir sus gastos deben disminuir la cantidad
ofrecida para seguir vendiendo el bien al mismo precio y sin afectar sus
ventas.
Por el contrario, cuando la demanda es inelástica, los impuestos terminan
siendo pagados por los compradores o usuarios. Esto pasaría con el mercado del
petróleo, debido que como no tiene un reemplazo o costo de oportunidad
inmediato, un aumento del impuesto significar un incremento del precio y una
reducción de la cantidad producida, por lo cual el alza total del precio
terminaría siendo pagado por los compradores, ya que no pueden trasladarse a
otro bien que produzca el mismo beneficio. En ese sentido, lo que más perjudica
económicamente a los compradores son los impuestos a las demandas inelásticas
como el petróleo, la insulina o la energía eléctrica.
c.2) los impuestos a una oferta elástica e inelástica
Al contrario que el caso de la demanda, cuando se incorporan impuestos a
ofertas inelásticas, la mayor cantidad de los impuestos lo pagan los
vendedores. Esto pasa cuando los ofertantes no pueden aumentar la cantidad para
cubrir los costos de un impuesto a su oferta. Ejemplos claros de esto sucede en
el negocio de hoteles. Es decir, cuando se eleva los impuestos a los hoteles,
los dueños no pueden aumentar la cantidad de habitaciones disponibles porque
tienen un tope que no logra cubrir el incremento del precio. Por esa razón,
ante el incremento de los impuestos, los vendedores tienen que cubrir la mayor
cantidad de ese ingreso fiscal para el Estado.
Sin embargo, cuando la oferta es elástica, los compradores pagan la mayor
cantidad de ese impuesto. Esto pasa con el mercado de la comercialización de
arena, ya que un aumento del precio es pagado por la demanda de empresas o
industrias de construcción, por lo cual ante un aumento del precio son ellos
los que deben correr con estos gastos.
En ese sentido, lo que más perjudica a los compradores, son los impuestos a
ofertas inelásticas.
La elasticidad de la oferta hace que los vendedores incrementen el precio
del bien ofertado y que los compradores paguen la totalidad del impuesto, por
lo que la cantidad vendida disminuye. El ingreso fiscal es pagado enteramente
por los compradores y la pérdida irrecuperable está en la cantidad de bienes
menos producidos para el mercado.
Conclusiones:
Para el caso peruano se ha venido discutiendo sobre las bondades de la remuneraciónmínima vital. Sobre ello se ha abierto la discusión sobre a quiénes
beneficiaría o no. Evidentemente, después del análisis económico expuesto, es
claro que como derecho social es popular y razonable plantear el salario
mínimo. Sin embargo, es muy probable que este salarió beneficie a quienes
tienen un trabajo fijo en medianas y grandes empresas. Sin embargo, perjudica alas microempresas y pequeñas empresas, porque disminuye el incentivo para la
formalización de tener trabajadores en planilla con derechos sociales y
laborales, y con una remuneración por encima de la oferta del mercado.
Por otra parte, también podemos comprender que los impuestos en el Perú no
retornan en calidad de servicios del Estado. Por lo cual la mayoría de
trabajadores formales y profesionales tienen un descuento total de su sueldo
cercano al 20%, que no termina retornando en atención de salud o educación pública
de calidad. Siendo de esta forma, es claro que los impuestos son demasiado
altos para la capacidad del Estado peruano de generar “Bien Público”. Por el contrario, las grandes empresas
gasíferas o mineras son las que más aportan a la caja fiscal y retornan con
mayores puestos de trabajo, liquidez y dinamismo en el mercado. El problema de
fondo, entonces, es que el Estado peruano no establece reglas de juego claras y
dificulta más que beneficia a las empresas y los usuarios de servicios públicos
y privados.






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