EL DESARROLLO ECONÓMICO Y LOS REGÍMENES POLÍTICOS EN PERSPECTIVA COMPARADA
Puerto en Hong Kong, el "paraíso liberal", según Milton Friedman.
Carlos Eduardo Pérez Crespo
La clásica discusión en la
ciencia política entre las consecuencias de la modernización como variable
independiente ha dado lugar a distintas aproximaciones teórico-empíricas. En
primer lugar, la perspectiva histórico-estructural de Barrington Moore consideraba
al proceso de modernización como una variable explicativa de variables
dependientes como la industrialización, la agricultura comercial y el
desarrollo de la educación y la burguesía en las zonas urbanas. Moore se
preguntaba por las condiciones económicas que permitían que un régimen político
transitara por una modernización democrática, fascista o autoritaria. Es decir,
no existía una única “ruta” a la modernidad y el desarrollo económico, sino que
podía lograrse con un gobierno autoritario o un gobierno democrático.
En ese sentido, la medición de
la variable “desarrollo económico” en Moore estaba compuesta por la clásica
operacionalización de la tradición weberiana y marxista: desarrollo de una
estructura de clases burguesa en una inicial estructura feudal y agrícola: el
tránsito de la pequeña manufactura a la producción del gran capital.
Evidentemente, este enfoque es a todas luces cualitativo y el número de casos
agrupaba a países que eran comparados con el método de “casos diferentes”:
Francia, Inglaterra y Estados Unidos (ruta democrática); Alemania y Japón (ruta
fascista) y China y Rusia (ruta comunista).
Sin embargo, las limitaciones
del enfoque de Moore estaban enmarcadas por las limitaciones del enfoque
cualitativo. El problema no es que Moore plantee una relación causal automática
entre las variables, o una perspectiva “estructuralista” ajena a las variables
político-institucionales (como ha mencionado el profesor Tanaka en varias
ocasiones). El problema real de Moore es su carácter conceptual muy general -un
blanco fácil para la filtración de las “hipótesis espurias”- y el poco grado
operacional de sus variables histórico-estructurales: ¿mediciones temporales o
a-temporales?
La solución a este problema la planteó Seymour Martin
Lipset en su clásico texto sobre la relación entre la modernización y la
democracia. Lipset plantea variables mucho más operacionales y medibles que
Moore. Para empezar, la medición del desarrollo es multidimensional: riqueza,
educación, industrialización y urbanización. Para la medición de la riqueza
Lipset utiliza la variable más célebre de la macroeconomía para medir la
producción de bienes y servicios que buscan satisfacer las necesidades: el
Producto Bruto Interno (PBI). Como sabemos, el PBI está compuesto por: Consumo (C) + Inversión
(I) + Gasto Público (G) + Exportaciones (X) – Importaciones (IM). Los
economistas resumen esta ecuación como:
Z = C + I + G + X -
IM
Hay que recordar que el
Consumo es una función lineal de la Renta (Y) – los Impuestos (T), lo cual nos
da el Consumo disponible (Cd): “a mayor renta, un mayor consumo; y a mayor
consumo mucha mayor riqueza para los países”. La medición del consumo a través
del PBI, entonces, permite conocer de manera más precisa el grado de desarrollo
económico en perspectiva comparada.
Lo interesante es que esta
fórmula le permitió a Lipset medir el PBI per cápita (PBI/número de la
población total) para una comparación entre muchos países en una perspectiva
longitudinal. A diferencia de Moore, Lipset logra aquí igualar a los métodos
usados por los economistas para proyectar escenarios: las Series de
Tiempo. No obstante, a pesar de los
interesantes avances de Lipset en la medición del desarrollo económico para el
análisis longitudinal de la política comparada, hay que reconocer que su
medición de la legitimidad es bastante ambigua. Asimismo, su definición de
eficacia tampoco es tan precisa, ya que sólo hace referencia a la capacidad
para convertir los “inputs” al sistema político en “outputs”. He aquí el punto más débil de la metodología
de Lipset.
Este “talón de Aquiles”
metodológico va a tener serias consecuencias al momento de desarrollar las
relaciones entre la variable independiente (desarrollo económico) y las
variables dependientes: 1) moderación política y 2) democratización. Debido a
que la medición de la legitimidad y la eficacia deja cabos sueltos, se produce
una relación espuria con las variables dependientes. La primera relación
espuria está en el análisis de la dispersión y la correlación lineal entre el
desarrollo económico y la democratización (“a mayor desarrollo, mayor
democratización”). La segunda relación espuria está en la hipótesis según la
cual un desarrollo económico acelerado produce partidos extremistas o desfases
en el régimen que terminan en regímenes autoritarios. Por esa razón, la teoría
de Lipset ha sido reformulada empíricamente por Adam Przeworski.
Según Przeworski el
crecimiento económico no tiene una relación causal con la democratización ni
con la moderación política. Por el contrario, Przeworski retoma la medición
cuantitativa de los clásicos de la economía: en el PBI está el verdadero y
único análisis importante. Al parecer el error metodológico de Lipset fue
juntar otras dimensiones que al final de cuentas repetían lo que el PBI
contiene como medición: producción, consumo, crecimiento y gasto público. Del
mismo modo, Przeworski completa la ecuación con el análisis de las otras dos variables
macroeconómicas cardinales: el desempleo y la inflación. Entonces, completando
la propuesta de Lipset, Przeworski proponer el análisis de la estabilidad de
los regímenes políticos (variable dependiente) a través de las tres ecuaciones (variable
independiente) que conforman el modelo de análisis económico-político
comparado:
1. La
tasa de crecimiento interanual del PBI: C + I + G + X – IM (en el Año x) / C +
I + G + EX – IM (en el Año x-1)
2. La
tasa de desempleo interanual: Desempleo (en la población económicamente activa)
/ La población económicamente activa
3. La
tasa de inflación: PBI nominal / PBI real
El gran aporte de Przeworski
fue el planteamiento de que el desarrollo económico no crea necesariamente una
mayor democratización ni un “desfase” entre las instituciones políticas y los
cambios en la estructura económica. Por el contrario, Przeworski distingue
básicamente entre regímenes “ricos” y “pobres”. Ello quiere decir que
independientemente del régimen, un Estado con un PBI muy bajo tiene pocas
probabilidades de supervivencia en contextos de crisis económica, recesión o
estanflación. Ello nos lleva a otra gran discusión sobre si es más importante
para los países del Tercer Mundo mantener un buen desarrollo económico para un mejor
fortalecimiento institucional –y no viceversa como lo plantean los neo-institucionalistas.
REFERENCIAS:
Lipset, Seymour Martin, 1987. El
hombre político. Las bases sociales de la política. Madrid: Editorial Tecnos. Capítulos
2 y 3. pp. 41-83.
Moore, Barrington, 1973. Los
orígenes sociales de la dictadura y de la democracia. El señor y el campesino
en la formación del mundo moderno. Barcelona: Ed. Península. Prólogo, Capítulos
7, 8, 9 y Epílogo. pp. 5-12 y pp. 335-410.
Przeworski, Adam y F. Limongi,
1997. “Modernization: Theories and Facts.” En: World Politics, 49. pp. 155-184.
En: http://dss.ucsd.edu/~mnaoi/page4/POLI227/files/page1_13.pdf







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