LA RELACIÓN ENTRE LA POLÍTICA Y LOS NEGOCIOS
Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo
Hace unos días conversaba con una amiga que tiene deseos
de hacer política. Ante ello mi primera pregunta fue por qué. Aducía que con la
política uno podía hacer mucho más cosas por la gente y la sociedad. Por ello su
duda principal era cómo iniciar su carrera o actividad política en el Perú. De
este modo, me comentó que algunos amigos le habían recomendado asistir a
reuniones o eventos de organizaciones políticas. En específico, que participara
en actividades políticas de organizaciones en donde ella se sintiera más acorde
a sus ideas y pensamientos. Es decir, asociarse a un grupo que estuviera más cerca
de su ideología política. Mi primera reacción ante esta conversación fue
concreta: “no te unas a un partido u organización política; por el contrario,
dedícate a hacer empresa y negocios”. Mi afirmación, aunque parezca descabellada para el sentido común de los politólogos, se fundamenta en tres ideas.
La política y los negocios tienen más parecidos que
diferencias. En primer lugar, si seguimos la definición de Max Weber o Julien Freund de la
actividad política como la lucha de poder y dominio entre grupos de individuos,
podemos decir que los negocios consisten día a día en esa misma actividad. Las
empresas se enfrentan diariamente en una lucha por las ventas, la publicidad y
el poder político. Vale decir, fuera de los muros de las empresas hay una lucha
constante por el poder en la arena del mercado, con el lanzamiento de nuevos
productos o el enfrentamiento hacia los productos de los competidores. Pero no
sólo eso. Las empresas también libran batallas de poder político dentro de la
misma estructura organizacional empresarial. Por ejemplo, hay pugnas de poder
entre las gerencias y áreas dentro de la empresa, sea por protagonismo,
liderazgo o por proceso de reingeniería institucional: vaya a ver uno el ambiente de las oficinas cuando se produce la evaluación del clima laboral. Además de ello, así como
en la política, las empresas tienen su propio soberano con capacidad de "decisionismo": el Chief Executive
Officer (CEO). En ese sentido, la actividad política del poder y el dominio es
algo inherente dentro y fuera de las empresas y los negocios, por lo tanto si se quiere conocer lo político en acción y movimiento, hay que estar dentro de una empresa para sentirlo en carne y hueso.
En segundo lugar, tenemos la definición de Carl Schmitt
sobre la política como una situación similar a la guerra. Dicho autor entendía
que la política libraba batallas distinguiendo amigos y enemigos, en el cual se
manifiesta la eliminación mutua en situaciones de conflicto. A diferencia de
dicha analogía, en la competencia entre las empresas no se utilizan las armas
para la destrucción física. Pero aunque no se vean disparos y balas de por
medio entre los edificios de las corporaciones, éstas sí se encuentran en una guerra constante de
eliminación amigo-enemigo. Hay muchas guerras libradas en la historia de los
negocios. Algunas son tan clásicas, como la recordada guerra entre Coca Cola y Pepsi por el mercado de las gaseosas. Otra fue el escándalo que estuvo detrás del complot para destruir el mercado de Tylenol en los Estados Unidos. Pero actualmente se realizan guerras mucho más millonarias y complejas, como la que libran Apple y Samsung por el mercado tecnológico, en donde se libran juicios y querellas por patentes tecnológicas. Para Schmitt, como para Maquiavelo o Hobbes, las guerras
necesitaban buenas armas, líderes carismáticos y estrategias bélicas. En el
mundo de los negocios tenemos lo mismo, pero en vez de marines o soldados rasos, se
cuenta con un ejército de abogados, publicistas y gerentes que tienen como
objetivo principal hacerle la vida imposible o eliminar cualquier espacio a la
competencia. Asimismo, tal y como lo menciona la escuela neorrealista de Kenneth Waltz, no hay mejor guerra que la preventiva: no ataques a quien tiene más poder que tú en la estructura del mercado, vas a perder y en creces. En resumidas cuentas, si quieres saber cómo se libra una batalla en el terreno de lo político, basta con estar dentro de una batalla empresarial.
En tercer lugar, en la política y en los negocios se lucha
constantemente con lo inesperado. Es célebre la descripción que hace Maquiavelo
sobre la Virtud y la Fortuna: los príncipes pueden conquistar nuevos reinos por
sus dotes y dones, pero también por el azar y mala suerte del contrincante. En
el caso de los negocios, las empresas y sus directivos se enfrentan día a día
con situaciones ligadas a la buena o la mala fortuna. Es cierto que para
reducir los riesgos existe el planeamiento estratégico -totalmente básico dentro de los estudios de administración de empresas. Pero hay que ser realista. En los
negocios y en la política existe el factor sorpresa. Por ejemplo, un gerente
comercial siempre está enfrentándose al peligro de que las ventas se reduzcan
por una crisis en el mercado internacional o por el encarecimiento de las
materias primas o insumos para la producción. Actualmente está pasando ello mismo con los exportadores peruanos, que están lidiando con la inesperada apreciación del sol en el mercado nacional. Del mismo modo, un político
siempre se enfrenta a los vaivenes de las crisis de gobierno, como son los
escándalos de corrupción, conflictos internos inesperados o el fallecimiento de
líderes fundamentales para los acuerdos políticos (casos de asesinatos en política abundan). Así, tanto el empresario
como el político tienen una labor fundamental: resolver en el día a día problemas
de todo tipo. Esto le da a ambos la habilidad de ser profesionales con una muy
alta capacidad de gestión e improvisación para resolver situaciones adversas.
Después de esta interesante conversación mi estimada
amiga se convenció de que era cierto lo que hablábamos: hacer negocios era muy
parecido a la actividad de hacer política. No haía necesidad de afiliarse a un partido político: por el contrario, personalmente pienso que la política ya no está en los partidos. Así que agregamos un punto adicional
que es uno de los más dramáticos de ambas actividades. En los negocios algunas
veces sucede que no se quisiera atender a un cliente o a una empresa porque
sencillamente no soportas su existencia o su forma de trabajo. No obstante,
como es inevitable hacer negocios, tienes que desarrollar un sentido
muy real de tolerancia: no te gusta, pero a pesar de eso no le niegas el
derecho de obtener tus mercancías a un precio justo. En la política acontece la
misma situación, porque hay que lidiar con líderes o personalidades que
se encuentran en las antípodas de nuestros pensamientos e ideas, pero que
representan a un sector importante de la población, por lo cual tienes que
desarrollar una tolerancia bastante real y sociológica si deseas obtener
resultados eficientes.
Hay un punto bonus track en esta reflexión: en la política corre mucho dinero de por medio. En el mundo de los negocios las personas aprenden a tener una relación bastante fría con los asuntos del dinero, lo cual es una buena lección para el ejercicio del poder político. Pero esta relación entre dinero, negocios y política la dejaremos para nuestra próxima entrega.



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