¿Qué es la teología política?


Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo

De acuerdo a Scattola (2007: 13-29), el término teología política ha sido utilizado desde la antigüedad en su forma latina theologia civilis y grecolatina theologie politike.  De este modo, el autor señala que este concepto fue acotado por primera vez en el Libro IV de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el cual se critica y se condena a la religión civil de los romanos. No obstante, el término teología política ha estado presente desde la Edad Media hasta la Edad Moderna en distintos tratados jurídicos, políticos, filosóficos y teológicos. Asimismo, en la historia de la teología cristiana, autores como Jacob Taubes (2003) han encontrado el origen del concepto en la Epístola a los Romanos del apóstol Pablo, por lo cual se ha reconocido la existencia de una “teología política paulina”.  Por tanto, la historia del origen y desarrollo del concepto de teología política goza de una producción intelectual enorme que, por razones metodológicas, no sería posible abordar con detalle en esta sucinta presentación.

No obstante, es importante señalar que existe un consenso entre distintos especialistas  acerca de que la teología política, como disciplina que pertenece a la filosofía política -y que estudia la relación entre la secularización y el Estado moderno- se inicia con Carl Schmitt en el contexto de la República de Weimar (1918-1933). En 1922, Schmitt (2009b) escribió su ensayo célebre titulado Politische Theologie, en el cual asevera que las categorías de la teología cristiana permiten comprender los fundamentos histórico-intelectuales del concepto de soberanía en la teoría moderna del Estado. De este modo, el jurista afirmaba -recuperando el método de Donoso Cortés sobre la obra de Mijaíl Bakunin- que en las filosofías políticas de Thomas Hobbes y Jean Bodin, el concepto de soberanía se expresa como un planteamiento teológico-político. En la perspectiva de Schmitt, de este modo, los conceptos cardinales de la teoría jurídica del Estado moderno son términos secularizados de la teología cristiana:

Todos los conceptos centrales de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados. Lo cual es cierto no solo por razón de su evolución histórica, en cuanto fueron transferidos de la teología a la teoría del Estado, convirtiéndose, por ejemplo, el Dios omnipotente en el legislador todopoderoso, sino también por razón de su estructura sistemática, cuyo conocimiento es imprescindible para la consideración sociológica de estos conceptos (Schmitt 2009b: 37).

El planteamiento de Schmitt sobre la aproximación de la teología política ha sido importante en el estudio de la secularización en Europa, puesto que bosquejó la idea de que la teoría jurídico-política de la soberanía estatal tiene raíces teológico-cristianas: “la idea del moderno Estado de derecho se afirmó a la par del deísmo, con una teología y una metafísica que destierran del mundo al milagro” (Schmitt 2009, p. 37). Sin embargo, este planteamiento recibiría la crítica de teólogos cristianos como Erik Peterson (1935), quien afirmó que el cristianismo es incompatible con la lógica del poder estatal moderno, puesto que el mensaje de las Sagradas Escrituras no gira en torno a la política ni al poder. En ese sentido, como ha señalado Geréby (2008), Schmitt no estaría planteando una teología política; sino, por el contrario, una teoría política moderna con elementos de justificación teológico-cristiana.

A pesar de las críticas, el planteamiento de Schmitt sobre la teología política ha tenido un desarrollo teórico e intelectual muy extenso en Europa. El progreso de la disciplina no ha estado exento de críticas y recomposiciones teóricas, ya que, como bien ha señalado Winter (2016), se ha establecido una evolución teórica de una “teología política clásica”, representada por los primeros aportes de Schmitt (2009b), hacia una “nueva teología política” (die Neue Politische Theologie) protagonizada, principalmente, por J.B. Metz (1997) y Jürgen Moltmann (1990). Por esa razón, el teólogo alemán J.B. Metz ha criticado la aproximación de la teología política de Schmitt, puesto que considera que se perfila un Estado decisionista, en el que se estudia la relación entre secularización y el Estado moderno como una crítica al liberalismo en Europa:

Mientras mi teología política parte de la universalidad del sufrimiento, sin la posibilidad del ser libre de este sufrir, la teología política de Carl Schmitt parte del universalismo del pecado, particularmente del pecado original. Este no es solo el origen del escepticismo de Schmitt hacia la capacidad del ser humano de darse autonomía democrática, sino también el origen de su visión del amigo-enemigo, así como el de su concepción de una sociedad que está latentemente atrapada en una guerra civil. Por tanto, para Schmitt el poder es necesario y un Estado decisionista también lo es para contener los peligros. Una parte de lo que era la izquierda en Alemania, Hans Magnus Enzensberger, Botho Strauß y Karl-Heinz Bohrer, han terminado llamativamente cerca al planteamiento de Schmitt. Para todos ellos, la universalidad moral de los derechos humanos es una trampa, por lo cual la guerra civil es el verdadero problema (Metz 1998a: 146).

A diferencia de Schmitt, Metz (1998b) ha señalado que la nueva teología política es el resultado de una crítica al paradigma neo-escolástico que tiene primacía en la Iglesia católica, es decir, una “teología de la pre-modernidad” (Theologie der Vorzeit). Asimismo, es una crítica al paradigma trascendentalista que parte de la teología de Karl Rahner, quien habría logrado un importante diálogo entre el cristianismo y el idealismo de Kant. La teología política de Metz (1998a) se situaría, por el contrario, como un intento de diálogo crítico frente a tres importantes hechos del siglo XX que desafiaron a la fe cristiana: la crítica del marxismo al dualismo cristiano de la historia; la tragedia de Auschwitz como una interpelación a cualquier proyecto idealista de sentido e identidad; y el reto de una teología eurocéntrica que no logra comprender los profundos conflictos y desigualdades del Tercer mundo.

De este modo, Metz (1968) afirma que si bien el concepto de teología política despierta confusiones, esta es una disciplina filosófica que busca comprender los problemas más acuciantes de la sociedad contemporánea con un diálogo entre la religión y la política como fenómenos histórico-sociales en Europa. Así, Metz encuentra que la teología política supone una postura crítica de una teología centrada en lo íntimo, lo privado y lo apolítico, por lo cual propone comprender a los creyentes como ciudadanos, es decir, como parte de una comunidad política: “esta des-privatización de la teología es el primer objetivo de la teología política” (Metz 1968, p. 510). De esta manera, la nueva teología política de Metz ahora busca analizar, desde un enfoque filosófico e histórico, las relaciones entre religión y sociedad, la Iglesia y lo público, y la fe con la vida social, puesto que la creencia y el actuar religioso se convierten en una forma crítica de comprender las relaciones de los hombres con el poder político. 

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