El "fetichismo del dato" en la Ciencia Política

Un fenómeno muy contemporáneo en la Ciencia Política es el "fetichismo del dato". ¿Qué es esto? Veámoslo.

Karl Marx mencionaba al inicio de El Capital que el "fetichismo de la mercancía" (Warenfetischismus) es aquel proceso social en el cual se cree que el producto del trabajo, es decir la mercancía, tiene una existencia independiente de la producción social que la originó: el trabajo.

De esta manera, la mercancía se vuelve en algo autónomo y ajeno al ser humano , lo cual, asimismo, es un proceso de alienación en el que la mercancía se vuelve independiente de este y toma una falsa "existencia propia". Marx lo diría de este modo:

"El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores".

¿Qué parecido puede tener este proceso de la economía política con la Ciencia Política? Pensamos que la relación está en el pensar que sin el dato no puede existir el conocimiento de lo político.

Así, cada vez veo más compañeros que han cedido a la tentación de pensar que el conocimiento de lo político supone medir, cuantificar y explicar todo por el dato, la correlación, el "Pearson", la variable independiente, la teoría de juegos, etc. Y aunque no tiene nada de deleznable el querer hacer mediciones para comprobar hipótesis pareciera que se estuviera asumiendo tres cosas un tanto perversas.

En primer lugar que el dato por sí mismo puede explicar las cosas. En este sentido se tiende a asumir que si el dato o la cifra exacta no están presentes, entonces, no se está haciendo Ciencia Política. Por lo cual a su vez se cree, falsamente, que el dato tiene una existencia propia al contexto y voluntad del investigador.

Está, del mismo modo, el suponer que la política sólo puede ser Ciencia si es que tiene al dato como aliado y soporte argumentativo. Pero ¿de qué Ciencia hablamos? ¿Es que la política busca ser Ciencia? Y si en caso quisiera ¿por qué creemos que el dato le da ese carácter? Evidentemente la respuesta se relaciona a un complejo de inferioridad de la Ciencia Política hacia las "ciencias duras" y la Economía.

Finalmente, el "fetichismo del dato" ha llevado a despreciar explicaciones sobre lo político que le daban importancia a la estructura, la historia, la ideología, la cultura, el poder simbólico, etc. ¿Por qué? Pues porque estos son objetos difíciles de medir. Por esa razón muchas veces se ve que los modelos matemáticos y estadísticos que miden las instituciones no son capaces de explicar sus hipótesis en contextos sociales cambiantes y volubles. Un ejemplo de esto es que los politólogos busquen predecir fenómenos políticos, bajo una consigna eminentemente positivista, pero sin éxito alguno en la mayoría de sus intentos.

Carlos Meléndez publicó hace algún tiempo unos Consejos para estudiantes de Ciencia Política. Y en aquella ocasión terminaba diciendo lo siguiente:
"Si realmente quieres escribir algo, primero busca datos. Datitos, evidencia…las pruebas, mi estimado. No sigas el mal ejemplo de los intelectuales de ONG ni de los evangelios de moda. Primero busca tus datos, numeritos (están por todas partes, en serio). Y recién cuando tengas tus cuadros de doble entrada, hablamos, ok?"

Pues bien, pareciera haberse llegado al punto de que el conocimiento de lo político implica necesariamente al "fetichismo del dato" como aliado argumentativo. Habría que pensar seriamente si los sabios y conocedores de lo político como Aristóteles, Jenofonte, Maquiavelo, Hobbes, Rousseau, Mill, Toqueville, etc., pensaron que un conocimiento verdadero y práctico de lo político suponía "testear". Nos parece que ni si quiera los griegos, amantes de las matemáticas, se atrevieron a creer en esta afirmación.

Sabemos que hay una crisis de la Ciencia Política en el sentido de "¿para qué sirve el conocimiento?". Y que también hay una gran distancia entre la academia politológica y los actores políticos. Pero en realidad pareciera que esto sucede porque se ha perdido de vista una idea fundamental: el conocimiento de lo político supone la praxis.

Por lo tanto no hemos querido hacer una defensa de la filodoxia. Lo que se ha tratado de criticar es el querer parametrar el conocimiento de lo político al "fetichismo del dato". Es obvio que los estudios empíricos son necesarios, pero estos no le dan al conocimiento el carácter práctico ni el mayor status de "científico".

Por otro lado, soy de aquellos que afirman que "los mejores libros que he leído no han tenido ningún número entre sus páginas".

Comentarios

José Talavera ha dicho que…
En general, coincido contigo, pero también sucede que en nombre de explicaciones estructuralistas, culturalistas, socio-históricas, etc., se han dicho barbaridades, y muchas veces se cae en lugares comunes. Claro, hay de todo, porque no es lo mismo Barrington Moore que explicar algunas cosas en la existencia de un "electarado".

En esas explicaciones, sobretodo en academias minúsculas como las nuestras donde abundan los "intelectuales de ONG", muchas veces hay "wishfull thinking", cierto voluntarismo, y tal vez como reacción a eso es que se apela tanto al dato, y sobretodo al número, a la correlación, a modelos econométricos para explicar la cultura política o a álgebra booleana. Pero a veces se olvida que el conocimiento no está en el dato (que más bien es información), sino en lo que a partir de ello puedes inferir o sostener. Y aun así, no hay certeza del todo, basta que cambies de metodología para obtener otros datos sobre la misma variable del mismo fenómeno.
Hola José,

Gracias por tus comentarios. Tengo algunas reacciones a tu post.

En primer lugar me parece que debe distinguirse entre los filodoxos y los entregados al conocimiento de lo político. Entre los primeros están aquellos que divagan desde sus columnas semanales sobre lo que pasa en el país.

Pero en el segundo hay dos tipos.

Unos amantes del fetichismo del dato pensando ser "imparciales" pero no dejando de sentir dilección por la democracia liberal y desprecio por la dictadura. Por lo tanto, su apelación al supuesto status científico y a-valorativo es una máscara para ocultar también su "wishfull thinking". ¿Conoces a alguien que se haga llamar politólogo que no sea demócrata?

Los segundos son aquellos que intentan realizar un conocimiento de lo político desde otras escuelas como la filosofía, la historia, la psicología, etc.

El real problema está en asumir que cierta escuela es mejor que otra o tiene un status más "científico".

En mi modesta opinión este es un asunto ideológico, en el cual bajo la apelación al "fetichismo del dato" se cae también en cierto voluntarismo.

Quizás aquellos que ahora adoran la agencia y desprecian la estructura no recuerden que hace mucho tiempo los estructuralistas reclamaban para sí el mismo status de "científico" al criticar a sus oponentes intelectuales.

¿Seguimos en la guerra de quién es más científico? Me parece que sí, pero ahora de manera más perversa pues se ha perdido la praxis política.

Saludos,


Carlos P.
Martín Tanaka ha dicho que…
Carlos,

varios problemas en tu argumentación. Creas oposiciones falsas.

En realidad, dentro de la disciplina, para decir cualquier cosa debes partir de cierta evidencia, "datos", recogidos con algún control, método y sistematicidad. Esos datos pueden expresarse en números, o no. Pueden ser de distinta naturaleza.
Esos datos tienen alcances y límites. Sobre esa base, pueden lanzarse algunas hipótesis.

Eso no quita que haya que leer a los clásicos, es otro tema, no tiene nada que ver. No hay que oponer una cosa con la otra.

En el otro extremo, está mi tía en el mercado, que opina sobre la base del sentido común. La quiero mucho, pero no es politóloga. Saludos.
Hola Martín!

Estoy de acuerdo con tu afirmación, pues no argumenté contra los estudios empíricos, sino que critiqué el "fetichismo del dato".

No quise decir en ningún momento que estos siempre implican dicho fetichichismo.

Lo que quise afirmar es que el dato por sí sólo no explica nada, en eso creo que estaremos de acuerdo. Asimismo, mi crítica atacaba el hecho de asumir que para construir argumentaciones y análisis políticos prácticos, mas no sólo teóricos, se tenga que recurrir al dato necesariamente.

Es en este sentido que afirmaba que los grandes autores clásicos no tenían al dato como aliado argumentativo, sino la sapiencia de ver el estudio de lo político con finalidades prácticas, ejm: Maquiavelo.

Por ahi iba la argumentación.

Finalmente,la contradicción u oposición entre la empiria de las CCSS y la teoría política tampoco la veo. Más bien creo que en muchos casos se complementan.

Más aún, podría decir que la alianza entre las CCSS y la filosofía política es muchas veces necesaria.

Saludos,

Carlos P.
Unknown ha dicho que…
mi respuesta:

http://joseincio.blogspot.com/2008/07/sobre-un-fetichismo.html

saludos
Unknown ha dicho que…
Pucha, acabo de leer recien tu post. Mi impresion: no sabes Matematicas.
Hola Carlos!

Felicidades por saber matemáticas, te sirvió de "mucho" en el pasado Seminario de CCPP, no?


un muy cordial y afectuoso saludo,

Carlos P.


PD: No vale picarse, jeje.
Unknown ha dicho que…
Tranquilo alumnito. Para ser "gracioson" tienes que tener sentido (tu comentario sobre el seminario, I don't get it), estilo y merito. En serio, un consejo de pata, de politologo mayor: no solo no le tengas miedo a los numeros, sino tambien deja de escribir (por un tiempo, en serio, me lo agradeceras)...Y bueno, ya con mis comentarios te ganaste un cherry para tu blog. Bye, bye...
Hola Carlos!

Muchas gracias por los sinceros comentarios. Tomaré estos, ahora sí, con la seriedad que se merecen.

Un afectuoso saludo y gracias por visitar mi blog.

Carlos P.
n ha dicho que…
Carlos, me gusto tu ultima respuesta dice muy bien de tu caballerosidad :)
Anónimo ha dicho que…
Pienso que Carlos Melendez "El Jorobado" no tiene la autoridad académica para ningunear al joven autor de este blog; en serio, Melendez pretende engañarnos que por su situación de alumno residente en un importante centro de producción politológica tiene autoridad académica. La ciencia política no se aprende por ósmosis ni es disciplina infusa. Melendez no tiene ninguna producción que haya impactado en la comunidad internacional ni nacional, todavía está sujeto a la madurez.
Anónimo ha dicho que…
Estimado Carlos,

coincido con tu argumento, quizá lo que es necesario decir, y no solo por contradecir a quienes piensan lo contrario, que hay una regla dicha por Sartori, pero nada nueva en realidad: "Pensar antes de contar". ¿Que datos buscamos? ¿Para que los buscamos? ¿Porqué los buscamos? ¿Todo debe y puede reducirse a datos? En algo que nadie podrá estar en desacuerdo es que todo lo que sabemos de Ciencia Política y en general de Ciencias Sociales, partió de estudios dónde los números (los datos) contaban poco o nada. Tres ejemplos contemporáneos: Autoritarismo Burocrático (O'Donnell, Collier, etc.) Dependentismo (Cardoso y Faletto) y Transiciones (Schmitter y O'Donnell). Son ejemplos de a buena Ciencia Política, textos que se mantienen en el tiempo, dónde el "dato" poco o nada cuenta: A partir de ellos podemos contar, hacer correlaciones, regresiones etc.

Casi nadie, o nadie, en realidad lee los artículos con regresiones y correlaciones. Y más aún, quienes son fetichistas de dichas técnicas son además envidiosos: nunca dicen como lo hicieron, contra la regla de la ciencia, que debe ser replicable. Más aún, nunca explican como pueden hacer correlaciones con variables que no se adecuan a ciertos tratamientos estadísticos: variables nominales, cardinales y ordinales. Nunca se les cuestiona que a determinados datos, determinadas técnicas. Eso muestra que no solo hay una falsa pretensión de cientificidad, sino de una ignorancia sobre las técnicas estadísticas en lo particular, repitiendo sólo lo que el SPSS o STATA dicen que hacer.

Obvio, es un debate abierto, y quienes están a favor del fetichismo del dato, abogarán por su iglesia.

Saludos

F. Barrientos

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