Perú: Crecimiento Económico y Crisis de Autoridad


(Imagen de: http://www.voltairenet.org/IMG/jpg/ALAN-GARCIA-MULTITUD.jpg)

Perú enfrenta un proceso de inestabilidad política debido a que la mayoría de peruanos siente decepción política por la reciente inflación, la distribución de la riqueza y el desempeño de la democracia. Estos problemas han causado protestas en los últimos meses y, por esta razón, las inversiones extrajeras y la democracia podrían estar en peligro en el futuro. ¿Por qué si la economía está tan bien el apoyo a la autoridad política está tan mal? En este artículo analizamos el caso peruano ilustrando cómo el crecimiento económico no implica necesariamente estabilidad política.

Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo

Publicado el 6 de agosto en Equilibri (Revista Italiana de Geopolítica y Relaciones Internacionales)


El crecimiento económico

El Perú tiene uno de los mejores desempeños económicos en Latinoamérica. El índice de crecimiento del PBI se ha incrementado de 4.0% a 9.4% entre los años 2003-2008. Además, hasta mayo del presente año las exportaciones peruanas han alcanzado 12.,986.,1 millones de dólares, logrando un incremento de 29.8% comparado al mismo período del 2007. Asimismo, las exportaciones a los EEUU crecieron 23% en el primer semestre de este año, asumando así 2.,989 millones de dólares. En vista de estas excelentes cifras la asociación internacional “Standard and Poor's” le otorgó al Perú el grado de “país de inversión con panorama estable”. Así, en vista de este tipo de logros económicos, los empresarios nacionales, los EEUU, la UE y los organismos financieros internacionales han puesto al Perú como modelo de país del tercer mundo en proceso de desarrollo con buenos resultados en macroeconomía.

Igualmente, dos de los encuentros internacionales de integración económica tienen lugar en el Perú este año. El primero de ellos fue a mediados de mayo con la Cumbre América Latina – Unión Europea (AL-CUE). El segundo es el foro International de cooperación económica Asia-Pacífico (APEC) que será en noviembre. Estos encuentros de cooperación internacional sitúan al Perú como un país donde los principales jefes estatales y empresariales se reúnen para discutir formas de desarrollo y apoyo mutuo entre sus respectivos países. En este sentido, además de su buen desempeño económico el Perú se sitúa como foco de estabilidad y cooperación internacional.

Sin embargo, la satisfacción con la economía no es semejante dentro del Perú. En primer lugar, el crecimiento es criticado porque ha habido un incremento de la inflación de 3.9% a 5.7% entre los años 2007-2008, lo cual ha causado el desencanto nacional hacia la política económica en los recientes meses. Por esta razón, la mayoría de peruanos está preocupada e impaciente hacia su situación económica porque los costos de los productos básicos como el aceite, el arroz, las patatas, etc., se han elevado. En segundo lugar, según la encuesta de opinión realizada por el Instituto de Opinión Pública (IOP) en junio, el 86% de los peruanos cree que la distribución de la riqueza es injusta y el 66% afirma que el gobierno no ha hecho nada para reducir la pobreza. Finalmente, la misma encuesta muestra que el 64% de los peruanos está insatisfecho con la democracia y 16% dice que la dictadura puede ser preferible a la democracia en ciertas circunstancias. Es decir, estas cifras muestran una paradoja entre una economía próspera en cifras macroeconómicas y la insatisfacción de la población hacia la política económica y el sistema político.

La decepción hacia el gobierno y la democracia

Cuando Alan García llegó a la presidencia en junio del 2006 ganó la segunda vuelta electoral con el 53% de los votos; mientras que su contrincante, Ollanta Humala, obtuvo el 47%. De tal manera, los resultados finales tuvieron una pequeña diferencia entre ambos candidatos, lo cual se asemeja al desenlace de las últimas elecciones mexicanas. Asimismo, Humala, que en su campaña utilizó un discurso nacionalista de izquierda, similar al de Hugo Chávez, ganó en el sur del Perú donde más del 60% de la población vive en pobreza y extrema pobreza. Por esa razón, un gran número de peruanos ve al presidente García con desconfianza, más aún porque muchos recuerdan su primer gobierno (1985-1990) y la crisis económica que produjo a fines de los ochentas. En consecuencia, en la actualidad hay muchos peruanos que no confían ni en el gobierno ni en sus políticas de Estado.

Siendo así, de acuerdo a la encuesta hecha por el IOP en junio, los tres principales problemas para la población son el desempleo, la corrupción y la crisis de valores. Además, la aprobación presidencial es de 31% y la desaprobación de 63% (aunque en el sur del país esta llega a 77%), de los cuales el 25% dice que esta se debe a la inflación y el incremento de los costos. No obstante, lo más preocupante de esta situación es que el 74% afirma no tener ninguna confianza en el gobierno y el 74% de la población del sur dice no estar satisfecho con la democracia.

En este sentido, el problema en el Perú es que a pesar del buen trabajo en la macroeconomía esto no se traduce en apoyo político al gobierno; por el contrario, esta parece ser la razón de la insatisfacción pues la población no percibe bienestar en su situación económica. Más aún, hasta el momento el 44.5% de los peruanos es pobre y 13.7% vive en extrema pobreza, aunque del total de la pobreza del país la Costa tiene el 28% y la Sierra el 68%. Es decir, la distribución económica también es desigual. En otras palabras, a pesar de que el presidente y los empresarios afirman que el “Perú crece” para la población la política económica no está funcionando del todo.

El problema principal con estos números es el débil apoyo a la democracia, más aún en el sur del país, pues el Perú tiene una larga historia de rupturas con la democracia. Por ejemplo, el último golpe de Estado fue en abril de 1992 cuando Alberto Fujimori cerró el Parlamento con la ayuda de las FFAA, los empresarios y la población que estaba decepcionada de la economía y el sistema político. De tal forma, el peligro con el descontento de los peruanos es que se podría apoyar a un líder populista si este les prometiera una mejor distribución de la riqueza.

De acuerdo con el Informe del Latinobarómetro del 2007 sólo el 17% de los peruanos está satisfecho con la democracia y 14% confía en los partidos políticos; del mismo modo, el 72% está insatisfecho con los servicios básicos del Estado, siendo en este sentido el país más decepcionado en Latinoamérica. Además, el 8% cree que todos los peruanos tienen un acceso equitativo a la justicia y mientras el Informe del 2004 mostraba que el 74% creía que las inversiones privadas son indispensables para el desarrollo del país, en el 2007 54% afirma lo mismo, es decir, 20% menos. En conclusión, el apoyo a la democracia, el sistema político y las inversiones privadas es menor que en los años pasados.

La inestabilidad política y las protestas

Seymour Martin Lipset dijo en su libro El hombre político que existe una fuerte correlación entre la democracia y el desarrollo económico. No obstante, Samuel Huntington afirmó cuarenta años atrás que “el problema principal de la política es la lentitud del desarrollo de las instituciones políticas en el contexto de cambio social y económico”. Esta idea parece ser cierta en el Perú, pues el país, en momentos de macroeconomía próspera, está afrontando un período de inestabilidad política y decepción pública. Ilustraciones de estos hechos fueron las protestas en Moquegua en junio y el “paro nacional” convocado por los líderes sindicales en julio.

En el caso de Moquegua, ubicado en el sur del país, hubo una protesta masiva de ocho mil personas el 9 de junio. El problema empezó cuando la provincia de Tacna recibió en marzo 711 millones de soles de ingresos por el canon minero (un porcentaje de las ganancias del impuesto a la minería que se transfiere directamente a las regiones donde se opera) y Moquegua 244 millones de soles. Ante esto la población de Moquegua argumentó que el asunto era injusto, ya que ellos producían más cobre en su minería, por lo cual los líderes locales convocaron a una protesta que exigía una distribución justa de la riqueza producida por la minería en su región. Lo impensable en esta situación fue que la gente hizo claudicar a las fuerzas policiales que resguardaban la protesta.

Asimismo, el 9 de julio los líderes sindicales del país convocaron a un “paro nacional” como protesta hacia el gobierno. El presidente respondió diciendo que esa no era la solución “porque lo único que hace es espantar a la inversión, y los inversionistas dicen 'mejor me voy a Colombia porque ahí se está superando la subversión'”. Ante esto el líder de la protesta, Mario Huamán, argumentó que “lo que pedimos es que las necesidades del pueblo sean atendidas”. No obstante, lo cierto es que en esta ocasión el gobierno se vio en la necesidad de convocar a las FFAA para que respalden a la policía en las calles el día de la protesta.

Conclusiones

El presidente García ha reconocido estos problemas de inestabilidad en el Perú el 28 de julio, diciendo que la población tiene que tener calma con la inflación porque esta se debe a factores externos. Asimismo, se comprometió a reducir la pobreza a 30% en sus próximos años de gobierno. Más allá de estas explicaciones lo cierto es que en el Perú existe una paradoja entre el crecimiento económico y la inestabilidad producida por la decepción de la población. En esta situación, las inversiones extranjeras y la democracia están en peligro, pues los peruanos buscan un cambio y una mejor redistribución de la riqueza; por esa razón, es importante observar lo problemas de autoridad política y no sólo las cifras en la macroeconomía.

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