LA DESTRUCCIÓN DEL ANTIGUO RÉGIMEN: JOSEPH DE MAISTRE Y ALEXIS DE TOCQUEVILLE (PARTE 2/2)

Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo
III. ¿La revolución es religiosa o antirreligiosa?
Joseph de Maistre plantea que la RF tiene un carácter antirreligioso en sí mismo: “(la RF) tiene un carácter satánico que la distingue de todo lo que se ha visto y quizá todo lo que se verá” (p. 52). Pero habría que especificar qué es lo que De Maistre entiende por religión y por anti-religión. La respuesta es evidente: De Maistre 1) no hace ninguna distinción entre la religión y la tradición romano-católica y, por tanto, 2) considera lo anti-religioso como lo simplemente anti-cristiano. Como consecuencia, De Maistre tiende a asociar la religión no con principios morales y espirituales, sino con instituciones políticas: el Rey, por el lado del Estado; el Papa, por el lado teológico-político. En este sentido, cuando De Maistre habla de religión se refiere a la Iglesia y al Rey, y cuando habla de irreligión se refiere a todo aquello que critique o intente destruir estas dos instituciones del Antiguo Régimen en Francia: “¡Franceses, haced sitio al Rey cristianísimo, llevadlo vosotros mismos sobre el trono antiguo; izad su oriflama, y que su oro, viajando de un polo a otro, lleve por todas partes la divisa triunfal!: Cristo impera, Cristo reina, él es el vencedor” (p. 59).
Asimismo, es importante resaltar cómo para De Maistre la razón de este carácter irreligioso de la RF tiene su origen en lo que él llama “filosofismo”, es decir, aquellos postulados políticos en donde se ensalza la figura de la Razón sobre la fe en Dios: “la generación presente es testigo de unos de los más grandes espectáculos que nunca haya contemplado la mirada humana; es el combate a ultranza entre el cristianismo y el filosofismo. La lid está abierta, los dos enemigos se enfrentan, y el universo contempla” (p. 56). No obstante, De Maistre se empeña en demostrar que a pesar de que la Razón intenta destruir la divinidad, se tiene que aceptar que es la religión (cristiana) la que, finalmente, fundamenta absolutamente todas las acciones humanas y políticas. Por esa razón, De Maistre está convencido de que la anti-religión revolucionaria es parte también del plan de La Providencia; y, por lo tanto, el cristianismo terminará triunfando al final de los días. De Maistre, de este modo, demuestra que su fe cristiana linda con un fetichismo (¿o fanatismo?) religioso hacia la figura del Rey (quien al final de cuentas terminará venciendo).
Alexis de Tocqueville también reconoce el carácter anti-religioso de la RF; sin embargo, su punto de partida es distinto: entiende la religión como una forma de “organización social” y de “vida espiritual”. Por eso reconoce que los fundamentos del ataque sistemático a la Iglesia se deben a que 1) los filósofos del s. XVIII desarrollaron ideas como la igualdad natural de los hombres, la abolición de los privilegios y la soberanía del pueblo, y 2) que estos mismos hicieron que se atacara a la Iglesia por los privilegios que gozaba en el Antiguo Régimen. Por tanto, a diferencia de De Maistre, Tocqueville plantea que la RF, más que tener un carácter anti-religioso, se caracterizó por su oposición a los beneficios materiales de la Iglesia: “el cristianismo excitó estos odios furibundos mucho más como institución política que como doctrina religiosa; no porque los sacerdotes pretendieran regular las cosas del otro mundo, sino porque eran propietarios, señores, diezmeros y administradores en éste; no porque la Iglesia no tuviera cabida en la nueva sociedad que iba a fundarse, sino porque entonces ocupaba el lugar más privilegiado y fuerte en esa sociedad que se trataba de reducir a polvo” (p. 112).
Por esta razón, Tocqueville afirma que, analizando las cosas en su real sentido, la RF ha actuado a la manera de las revoluciones religiosas, ya que “consideró al ciudadano en abstracto, al margen de todas las sociedades particulares, tal como las religiones consideran al hombre en general, independientemente del país y del tiempo. No sólo buscó cuál era el derecho particular del ciudadano francés, sino también cuáles eran los deberes y los derechos generales de los hombres en materia política” (p. 118). Además, Tocqueville está convencido de que la religión no es necesariamente incompatible con la democracia; al contrario, puede ser el principal sustento de su organización social: en Norteamérica del s. XIX, por ejemplo, las asociaciones civiles (la prensa, los partidos y otros) se fundamentaron en prácticas de culto religioso. Al contrario, De Maistre cree que las ideas democráticas y liberales son irreligiosas porque pervierten la soberanía y el orden inmutable del Rey y de Dios. En ese sentido, es interesante resaltar las distintas consideraciones que se tiene sobre la figura de J.J Rousseau: para Tocqueville fue quien inspiró aquella filosofía surgida en el s. XVIII que planteaba la igualdad de todos los hombres en el contexto de Revolución Democrática; para De Maistre en cambio, Rousseau fue el “hombre más equivocado del mundo”, ya que la RF es “mala” y satánica.
En resumidas cuentas, De Maistre cree en el carácter irreligioso de la RF porque esta se ha presentado en contra del Rey y de la Iglesia. Por el contrario, Tocqueville cree que la RF tiene un carácter religioso e igualitario (al considerar al hombre, en general). Este punto, que a simple vista parece sólo conceptual, en realidad tiene consecuencias políticas importantes. En primer lugar, queda claramente demostrado cómo el “método” de análisis del “pensamiento reaccionario” supone tres principales ideas: 1) el hombre no tiene voluntad, es Dios quien reina; 2) las instituciones de Dios en la tierra son el Rey y la Iglesia, por tanto ellas mismas son inmutables. Finalmente, 3) todo aquello que vaya en contra de estas dos instituciones está también en contra de Dios y de lo BUENO (en el sentido moral y político). Por tanto, De Maistre termina construyendo un modelo jerárquico de la política, que en apariencia parece responder a principios metafísicos (Dios), pero que desde una perspectiva más sociológica como la de Tocqueville, en realidad cae en la ciega defensa de los intereses materiales del Rey y de la Iglesia. Todo esto en un contexto en el cual los hombres ya se han reconocido en igualdad de condiciones.
IV. Epílogo: ¿es posible el “retorno” del Antiguo Régimen?
Cuando nos referimos al “retorno” no estamos sugiriendo, como absurdamente han planteado otros, la posibilidad de reinstaurar al Antiguo Régimen francés. Ni De Maistre ni Tocqueville plantearon el problema de este modo. La pregunta por el “retorno” es acerca de la posibilidad de remontar las consecuencias que ha traído la RF: la implementación del régimen democrático, la abolición de los privilegios, la secularización del Estado y la soberanía del pueblo. En este sentido, De Maistre y Tocqueville reflexionaron sobre las consecuencias de una posible contrarrevolución. Por lo tanto, la pregunta por el “retorno” es en realidad la pregunta por la contrarrevolución antidemocrática.
De Maistre está convencido de que el régimen democrático post revolucionario está guiado al fracaso y que el retorno del Rey y la Iglesia es una realidad ineludible que Dios ha señalado entre los planes de La Providencia. Expliquemos por qué. Primero, De Maistre afirma que el gobierno post 1789 fracasará porque “ninguna constitución es resultado de una deliberación; los derechos de los pueblos no son nunca escritos”. Es decir, la implementación de una Constitución con el parlamento o la Asamblea está intrínsecamente destinado al fracaso, más aún si este se sustenta en “el pueblo”, que pervierte la soberanía y la tradición política francesa y europea. Segundo, el hecho de que la Constitución y el gobierno democrático se fundamenten en el “hombre”, que no es más que una abstracción que no existe y que es propia del liberalismo: “no hay hombres en el mundo. Durante mi vida, he visto franceses, italianos, rusos, etc.; sé incluso, gracias a Montesquieu, que se puede ser persa: pero, en cuando al hombre, declaro no haberlo encontrado en mi vida; si existe, es en mi total ignorancia” (p. 66).
Por esa razón De Maistre cree que Norteamérica nunca se constituirá como gobierno, ya que su Constitución se rige por los principios de los derechos del hombre: “se podrá apostar mil contra uno a que la ciudad no se construirá, o que no se llamará Washington, o que el Congreso no residirá allí” (p. 78). Finalmente, que la revolución y la destrucción del Antiguo Régimen nunca serán obra de los hombres, sino sólo de una elite del poder que controla el estado. Por eso mismo, el regreso del Rey también será obra de unos pocos, que son los que realmente importan para la restitución de la monarquía: “El Rey vendrá, verá y vencerá” (p. 104).
Por esa razón De Maistre cree que Norteamérica nunca se constituirá como gobierno, ya que su Constitución se rige por los principios de los derechos del hombre: “se podrá apostar mil contra uno a que la ciudad no se construirá, o que no se llamará Washington, o que el Congreso no residirá allí” (p. 78). Finalmente, que la revolución y la destrucción del Antiguo Régimen nunca serán obra de los hombres, sino sólo de una elite del poder que controla el estado. Por eso mismo, el regreso del Rey también será obra de unos pocos, que son los que realmente importan para la restitución de la monarquía: “El Rey vendrá, verá y vencerá” (p. 104).
A diferencia de De Maistre, Tocqueville cree que las consecuencias de la RF son más complejas de lo que parecen, por lo cual el retorno de las instituciones del Antiguo Régimen han sido transformadas o destruidas. En primer lugar, Tocqueville, a diferencia de Burke y los jacobinos, cree que la RF no ha presentado los cambios tan radicales que sus detractores y defensores creen. Así, Tocqueville afirma que entre el Antiguo Régimen y el régimen democrático hay más continuidades que cambios: se mantienen las instituciones de centralización administrativa, las formas de recaudación fiscal, la administración del territorio y la estructura del ejército.
¿Qué ha cambiado entonces? La respuesta de Tocqueville es sorprendente: casi nada. Las razones son que la Revolución Democrática y la igualdad de condiciones ya habían penetrado a la sociedad francesa desde inicios del x. XVIII, lo que trajo consigo mismo una transformación de las estructuras políticas y sociales. En ese sentido, las únicas instituciones del Antiguo Régimen que se destruyeron, por no adaptarse a los cambios, fueron la monarquía, la aristocracia y la Iglesia, justamente las que fueron atacadas y destruidas en la RF. En resumidas cuentas, para Tocqueville la discusión sobre un posible “retorno” del Antiguo Régimen y de una contrarrevolución antidemocrática no tiene más cabida en Francia, porque la Revolución Democrática ha corroído desde sus cimientos no sólo al gobierno francés, sino a la totalidad de la sociedad europea y americana. La democracia como organización social sería la misma revolución de nuestros tiempos.
¿Qué ha cambiado entonces? La respuesta de Tocqueville es sorprendente: casi nada. Las razones son que la Revolución Democrática y la igualdad de condiciones ya habían penetrado a la sociedad francesa desde inicios del x. XVIII, lo que trajo consigo mismo una transformación de las estructuras políticas y sociales. En ese sentido, las únicas instituciones del Antiguo Régimen que se destruyeron, por no adaptarse a los cambios, fueron la monarquía, la aristocracia y la Iglesia, justamente las que fueron atacadas y destruidas en la RF. En resumidas cuentas, para Tocqueville la discusión sobre un posible “retorno” del Antiguo Régimen y de una contrarrevolución antidemocrática no tiene más cabida en Francia, porque la Revolución Democrática ha corroído desde sus cimientos no sólo al gobierno francés, sino a la totalidad de la sociedad europea y americana. La democracia como organización social sería la misma revolución de nuestros tiempos.
Las reflexiones de ambos autores nos dejan ideas importantes. Pero fundamentalmente nos interesa plantear las concernientes a las del conde Joseph De Maistre. Primero, queda claro cómo el pensamiento de De Maistre es heredero de la Modernidad: existe un vital racionalismo político. Esto es consecuencia de que toma ciertos presupuestos de la Ilustración francesa (movimiento hegemónico en su época), que tienen la suposición errónea de que la política funciona en una línea de tiempo en donde los eventos pueden ser previstos (por la Razón), anticipados (por la Historia) y determinados (por la Providencia); dejando de lado el papel fundamental que cumple La Tyché (Aristóteles) o La Fortuna (Maquiavelo). Segundo, la poca capacidad para comprender los fenómenos sociales en relación a los sucesos políticos institucionales: no se distingue entre el régimen político (la monarquía) y la organización social (composición de las clases sociales, forma de funcionamiento de la economía, el papel de las instituciones, etc.). Esto trae, como consecuencia, que se crea que porque existe un Rey como jefe de Estado, se tenga una sociedad tradicional. En realidad, la figura del Rey no determina en absoluto el funcionamiento del gobierno, sino más bien el diseño político de las instituciones del Estado.
En resumen, el pensamiento de De Maistre nos proporciona una visión propiamente moderna de la política, ya que existe en él un racionalismo cristiano sustentado en el retorno de dos instituciones del Antiguo Régimen: el Rey y la Iglesia. La pregunta final es la siguiente: ¿Quién acertó más en su descripción post-destrucción del Antiguo Régimen? ¿De Maistre o Tocqueville? La respuesta, en mi opinión, es evidente...
caetera desiderantur.
En resumen, el pensamiento de De Maistre nos proporciona una visión propiamente moderna de la política, ya que existe en él un racionalismo cristiano sustentado en el retorno de dos instituciones del Antiguo Régimen: el Rey y la Iglesia. La pregunta final es la siguiente: ¿Quién acertó más en su descripción post-destrucción del Antiguo Régimen? ¿De Maistre o Tocqueville? La respuesta, en mi opinión, es evidente...
caetera desiderantur.
Lima, 02 de enero de 2009.


Comentarios
Y no lo digo, obviamente, porque sea algún tipo de "liberal convicto y confeso". He visto como ciertos "reaccionarios" "y/o" "posmodernos" ponen sus fotos de De Maistre (y quotes) y demás parafernalia del antiguo régimen. Supuestamente les encanta De Maistre.
Ahora, reitero la pregunta: ¿realmente el libro al que te remites vale la pena? Porque yo pensaba encontrar en él o en otros reaccionarios cuestiones interesantes como las ví en Teología política de Schmitt (no quiero implicar que Schmitt caería bajo el mismo rótulo, realmente no lo creo). El cuarto ensayo de Schmitt hace varias referencias a De Maistre y pensé que valdría más la pena.
Espero que la "santa alianza" se pronuncie al respecto :P.
Muchos saludos,
Erich
p.d. Estoy seguro que igual leeré el libro, pero me interesa saber tu opinión. Y no vale decir que es "cultura general", que para eso mejor leemos otras cosas.
Gracias por los comentarios. Creo que sí vale la pena leer a De Maistre.
En los posts he tratado, por cuestiones de comparación, sólo algunos temas del libro "Consideraciones sobre Francia", pero de hecho hay más asuntos amplios para rebanar. Algunos ejemplos: el milagro y la excepcíón; el origen "teológico" de la noción moderna de Estado; la "genesis" de las constituciones políticas, etc.
Asimismo, también hay otro libro polémico de De Maistre que es el más importante de toda su obra: "Las Veladas de San Petesburgo". Aquí como en "Consideraciones,", también se percibe su pesimismo antropológico y anti-liberal, junto a su obsesión por el orden y la monarquía.
Creo que es importante leer a De Maistre para conocer las raíces del pensamiento anti-liberal y del autoritarismo como ideología. Eso mismo hicieron Carl Schmitt, Hannah Arendt, Isaiah Berlin, Norberto Bobbio y, contemporáneamente, Stephen Holmes. El asunto es leerlo con seriedad y rigor, no con fetichismos.
cordiales saludos.
interesante las reflexiones finales. La respuesta final es evidente. Pienso que un autor reaccionario a la altura del gran visionario Tocqueville (y la pregunta que planteas) sea más bien otro gran visionario como Donoso. No es casual que Schmitt compare Tocqueville con Donoso, no con De Maistre. No olvidemos (respondiendo a Erich) que los contrarevolucionarios son citados en la TP únicamente como método por Schmitt, no como modelo. Como módelo Schmitt tiene a Lorenz von Stein, que fue un sociológo liberal-alemán muy importante.
¿por qué como método? Porque de Maistre contrapone un teismo que es el exacto especular del Deismo ilustrado. (estos dos términos teismo-deismo son importantes). A Schmitt le interesa ver esta contraposición ideológica-orgánica (en el sentido de D. de Tracy y los primeros ideólogos franceses, no de Marx, ojo) entre teismo contrarevolucionario (el nucleo de pensamiento reaccionario y sus epígonos por el mundo) y deismo ilustrado (democrático en todas sus variantes).
En un post sobre "teología política y religión civil" intento resumir el origen de esta contraposición. Me permito retomar aquí un par de ideas de ese post. Como sabemos, a partir de G. Vico (importante) se generarán idealmente dos frentes: uno a cargo del Iluminismo del siglo XVIII que desarrollará una metafísica exquisitamente deista, motor de la modernidad. El otro frente es pro-Vico (la escuela italiana anticartesiana) y conecta con Herder, los Románticos (del sur) y con Schmitt finalmente. El deismo puede sintetizarse con la siguiente máxima: “Dios creó y ordenó el mundo pero no interviene en él”. La metafísica deista de los iluministas se basa en un desarrollo singular de la antigua teología física, convertida ahora en teología natural: me refiero a la nueva teología racional. Si observamos con atención, se trata, en efecto, de una reducción sistemática de las dos teologías antiguas en la teología física, completamente depurada en clave racional, físico-matemática (sobre las dos teologías antiguas ver post). Mientras la convivencia y el cuerpo político se convierten ahora en un problema de “física social” (A. Comte), el residuo latente de la antigua teología mítica se convierte, en cambio, en un deismo iluminado de matriz semítico-cristiana (“Dios CREÓ y ordenó el mundo, PERO no interviene en él”). Un Dios a medida. De esta manera, la antigua teología civil romana arrastra su residuo político-teológico tripartito implícito y latente, dando un paso más allá con los ilustrados: la fe civil.
El deismo iluminista institucionaliza, entonces, una teología racional que termina desencadenando, a través del mesianismo emancipador y libertario de las revoluciones sociales, el IRRACIONALISMO de un Dios excluido. Quienes inicialmente “reaccionarán” especularmente a esta revolución deista en acto, serán precisamente los contrarevolucionarios de Maistre, Bonald y Donoso. La reacción es especular porque se trata de una reacción teista. La máxima del teismo afirma: DIOS creó y ORDENÓ el mundo E interviene COMPLETAMENTE en él (Ni automaton ni tyché son considerados). El teismo reaccionario de los contrarevolucionarios tipo de Maistre trasladará, en clave racionalista-historicista, la teología natural a su vínculo escatológico nuevamente, TEOLOGIZANDO completamente un dios IRRACIONAL EN el MUNDO, encadenándolo a él. Este vicioso nexo especular teismo-deismo no pasa de Vico a Herder. Por acá va la clave anti-teista y anti-deista, creo yo: Vico-Herder.
Complementando lo mencionado por Geviert, también creo que el autor "reaccionario" a la talla de Tocqueville sería Donoso Cortés, mas no De Maistre. Ahora, el problema que veo en Donoso es que no hay un desarrollo "sistemático" de una teoría política y/o teología política. Justamente Schmitt trató de dar ese paso en su libro "Interpretación europea de Donoso Cortés", que en mi opinión es brillante.
Me parece que la lectura de Vico-Herder es interesante. Hace algún tiempo ya había notado cómo en realidad los pensadores reaccionarios clásicos (De Maistre, Bonald y Donoso) tienen ese elemento teísta. En efecto, cuando uno lee a estos autores se da cuenta de que la máxima "Dios CREÓ el mundo y lo ORDENA" recorre todas las páginas de sus obras. No obstante, justamente este modelo, llevado a la política, es heredero del racionalismo MODERNO fundado por Descartes. Esto demostraría que, en realidad, los pensadores reaccionarios clásicos no serían del todo anti-modernos (como otros quieren hacernos creer), sino que más bien en su "método" de análisis llevan la modernidad a su máxima expresión. Es bien discutible la tesis que postule que De Maistre o Donoso son anti-ilustrados.
cordiales saludos.