MODERNIDAD, TRADICIÓN Y POLÍTICA EN EL PERÚ

Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo
I. Introducción
Hemos mencionado en un post anterior cuáles fueron los cambios sociales, culturales y políticos que Marx y Weber trataron de comprender en el tránsito de la sociedad tradicional a la moderna. La reflexión que falta es cómo se da esto en el Perú de hoy. Para esto situemos tres ideas centrales.
En primer lugar, tenemos que distinguir entre modernidad y modernización, conceptos distintos que algunos filósofos parecen no entender bien, ya que los presentan como sinónimos del nihilismo, el capitalismo o, en el peor de los casos, del liberalismo. La modernidad se refiere al proceso de "racionalización" de las relaciones sociales: la legitimidad y la acción social tienen como componente esencial el hecho de que hay ciertas normas sociales y legales que regulan el comportamiento. De este modo, cuando se habla, por ejemplo, del Estado moderno, nos referimos a una institución que tiene el "monopolio legítimo de la violencia", pero también a todas las instituciones que amparan esta definición: la Constitución, el Estado de Derecho, las Fuerzas Armadas, etc.
¿Qué es la modernización? A diferencia de la modernidad, es un proceso de cambio en donde se despliegan fuerzas económicas y productivas que transforman, destruyen e inventan nuevas relaciones en el ámbito de la cultura y de la política. Por esa razón, la modernización lleva casi en sí misma la semilla de la destrucción. Por situar un ejemplo de Samuel Huntington: si las instituciones políticas no tienen la capacidad de adaptación a las demandas de la población, entonces se genera un proceso de caos social y creciente insatisfacción. En resumidas cuentas, la modernidad es un fenómeno histórico en donde se "racionaliza" la cultura, la política y la economía; la modernización, por el contrario, es el proceso destructivo que nos lleva a ese objetivo.
En los últimos 40 años el Perú viene experimentando una modernización acelerada y sin antecedentes. La población ha crecido exponencialmente, las migraciones a la capital han transformado la ciudad y han traido nuevas formas de acción y de legitimidad social, lo cual ha producido distintas interpretaciones en las ciencias sociales: la "cholificación" a partir de los 50´s (Quijano), la pujanza del sector informal de los 80´s (De Soto), El "desborde popular" (Matos Mar) y, recientemente, lo que nosotros llamamos la destrucción de la naturaleza y de la tradición en el Perú.
2. El mundo de la tradición en el Perú
Al referirnos a la tradición seguimos a Max Weber, quien definió esta como los sentidos sociales que se transmiten por generaciones y en donde la "costumbre" tiene mayor peso que la racionalidad: es decir, las normas sociales son justificadas con el lema "lo que siempre ha sido así y no tiene por qué cambiar". En el caso peruano la tradición se ha establecido en tres flancos totalmente imbricados, pero no por eso indiscernibles: la andinidad, la vida en comunidad y la dimensión mística y espiritual.
La andinidad es esencial (en el sentido ontológico) al Perú: le precede al catolicismo hispánico e, incluso, lo ha transformado con el transcurrir de los siglos, estableciendo un sincretismo muy propio de toda una civilización, popularizándose recientemente como la "cultura chola". Es importante resaltar que lo andino no es una raza, ni una etnia ni tampoco una forma de vida, sino una identidad que parte de una "comunidad imaginada", en términos de Benedict Anderson. Asimismo, la vida en comunidad también es parte de la tradición, ya que es el reconocimiento de un grupo como parte de una totalidad, por lo cual cada uno de sus miembros participa directa o indirectamente de los asuntos públicos. La comunidad sólo existe, por tanto, si hay un sentimiento de pertenencia y si se concreta la participación de sus miembros.
En primer lugar, tenemos que distinguir entre modernidad y modernización, conceptos distintos que algunos filósofos parecen no entender bien, ya que los presentan como sinónimos del nihilismo, el capitalismo o, en el peor de los casos, del liberalismo. La modernidad se refiere al proceso de "racionalización" de las relaciones sociales: la legitimidad y la acción social tienen como componente esencial el hecho de que hay ciertas normas sociales y legales que regulan el comportamiento. De este modo, cuando se habla, por ejemplo, del Estado moderno, nos referimos a una institución que tiene el "monopolio legítimo de la violencia", pero también a todas las instituciones que amparan esta definición: la Constitución, el Estado de Derecho, las Fuerzas Armadas, etc.
¿Qué es la modernización? A diferencia de la modernidad, es un proceso de cambio en donde se despliegan fuerzas económicas y productivas que transforman, destruyen e inventan nuevas relaciones en el ámbito de la cultura y de la política. Por esa razón, la modernización lleva casi en sí misma la semilla de la destrucción. Por situar un ejemplo de Samuel Huntington: si las instituciones políticas no tienen la capacidad de adaptación a las demandas de la población, entonces se genera un proceso de caos social y creciente insatisfacción. En resumidas cuentas, la modernidad es un fenómeno histórico en donde se "racionaliza" la cultura, la política y la economía; la modernización, por el contrario, es el proceso destructivo que nos lleva a ese objetivo.
En los últimos 40 años el Perú viene experimentando una modernización acelerada y sin antecedentes. La población ha crecido exponencialmente, las migraciones a la capital han transformado la ciudad y han traido nuevas formas de acción y de legitimidad social, lo cual ha producido distintas interpretaciones en las ciencias sociales: la "cholificación" a partir de los 50´s (Quijano), la pujanza del sector informal de los 80´s (De Soto), El "desborde popular" (Matos Mar) y, recientemente, lo que nosotros llamamos la destrucción de la naturaleza y de la tradición en el Perú.
2. El mundo de la tradición en el Perú
Al referirnos a la tradición seguimos a Max Weber, quien definió esta como los sentidos sociales que se transmiten por generaciones y en donde la "costumbre" tiene mayor peso que la racionalidad: es decir, las normas sociales son justificadas con el lema "lo que siempre ha sido así y no tiene por qué cambiar". En el caso peruano la tradición se ha establecido en tres flancos totalmente imbricados, pero no por eso indiscernibles: la andinidad, la vida en comunidad y la dimensión mística y espiritual.
La andinidad es esencial (en el sentido ontológico) al Perú: le precede al catolicismo hispánico e, incluso, lo ha transformado con el transcurrir de los siglos, estableciendo un sincretismo muy propio de toda una civilización, popularizándose recientemente como la "cultura chola". Es importante resaltar que lo andino no es una raza, ni una etnia ni tampoco una forma de vida, sino una identidad que parte de una "comunidad imaginada", en términos de Benedict Anderson. Asimismo, la vida en comunidad también es parte de la tradición, ya que es el reconocimiento de un grupo como parte de una totalidad, por lo cual cada uno de sus miembros participa directa o indirectamente de los asuntos públicos. La comunidad sólo existe, por tanto, si hay un sentimiento de pertenencia y si se concreta la participación de sus miembros.
Finalmente, la dimensión mística y espiritual es inherente al mundo de la tradición porque los individuos reconocen su existencia individual y colectiva como parte de principios que rebasan la mundanidad, el materialismo y la inmediatez. En ese sentido, llevar la religión como una forma de vida, y no como una forma culposa de actuar, distingue la vida en tradición. En el sentido más exacto, la tradición dice que el pez elige su camino al nadar; pero este jamás elige la corriente que trae consigo el mar. Del mismo modo, el hombre del ande no elige vivir entre montañas, ni tampoco depender de la lluvia para alimentar las tierras y así traer cosechas.
3. La tradición como perfección del espíritu y del cuerpo
Bien, nos gustaría plantear tres pequeñas reflexiones que complementan lo anterior y que muestran por sí mismas las diferencias con los planteamientos "conservadores" o "reaccionarios" que se han difundido en nuestro entorno local.
a) La tradición es una forma de vida, no un discurso político. Si entendemos que la tradición puede llevarse en el alma (es decir, de manera individual), podemos decir que no hay problema en vivir acorde a la tradición así uno se encuentre en el Perú o en la China: la tradición se llevaría en el corazón y no en las funciones externas. Por esa razón, la tradición no tendría que ver necesariamente con instituciones sociales o políticas (como la Iglesia católica o el Monarca, por ejemplo). Por tanto, la tradición es, fundamentalmente, una forma de vida: un "combate espiritual" contra lo externo pero sobre todo contra uno mismo, buscando la perfección a través de la virtud, tal como lo entendieron los antiguos (veáse Platón y Aristóteles). Asimismo, es imposible acceder a la tradición con el simple entendimiento o conocimiento: el hombre no aspira a la tradición con los libros, sino con su vida misma.
b) El cuidado del cuerpo es propio de la tradición. Los sabios de la antiguedad sabían muy bien que la perfección del alma iba de la mano con la perfección del cuerpo. En este sentido, es importante reconocer que la protección física frente a los excesos de la modernidad es parte de una vida acorde a principios tradicionales. De esta manera, queda claro que aquel que no protege a su propio cuerpo no puede llamarse a sí mismo ni "conservador" ni "tradicionalista", pues lo que uno aprende por los libros es tan frágil como la memoria; mientras que lo aprendido con el cuerpo sólo se termina en el lecho de muerte. Esto distingue a un fofo burgués y liberal de un hombre entregado al perfeccionamiento del espíritu y del cuerpo.
c) La vida con la naturaleza es el componente central de la tradición. Así como los antiguos pobladores de los andes, no se puede entender la vida en tradición sin una relación armónica entre el hombre y la naturaleza. Aquél que diga seguir la tradición pero que piense que la naturaleza debe ser algo "dominado" o "explotado" está legitimando en realidad la destrucción del mismo mundo que le vio nacer. Evidentemente, la forma de vida es importante, pero esta vida debe llevarse alejada de la modernidad y sus excesos: el retorno a la naturaleza se convierte así en el nuevo imperativo moral de nuestros tiempos.
3. La tradición como perfección del espíritu y del cuerpo
Bien, nos gustaría plantear tres pequeñas reflexiones que complementan lo anterior y que muestran por sí mismas las diferencias con los planteamientos "conservadores" o "reaccionarios" que se han difundido en nuestro entorno local.
a) La tradición es una forma de vida, no un discurso político. Si entendemos que la tradición puede llevarse en el alma (es decir, de manera individual), podemos decir que no hay problema en vivir acorde a la tradición así uno se encuentre en el Perú o en la China: la tradición se llevaría en el corazón y no en las funciones externas. Por esa razón, la tradición no tendría que ver necesariamente con instituciones sociales o políticas (como la Iglesia católica o el Monarca, por ejemplo). Por tanto, la tradición es, fundamentalmente, una forma de vida: un "combate espiritual" contra lo externo pero sobre todo contra uno mismo, buscando la perfección a través de la virtud, tal como lo entendieron los antiguos (veáse Platón y Aristóteles). Asimismo, es imposible acceder a la tradición con el simple entendimiento o conocimiento: el hombre no aspira a la tradición con los libros, sino con su vida misma.
b) El cuidado del cuerpo es propio de la tradición. Los sabios de la antiguedad sabían muy bien que la perfección del alma iba de la mano con la perfección del cuerpo. En este sentido, es importante reconocer que la protección física frente a los excesos de la modernidad es parte de una vida acorde a principios tradicionales. De esta manera, queda claro que aquel que no protege a su propio cuerpo no puede llamarse a sí mismo ni "conservador" ni "tradicionalista", pues lo que uno aprende por los libros es tan frágil como la memoria; mientras que lo aprendido con el cuerpo sólo se termina en el lecho de muerte. Esto distingue a un fofo burgués y liberal de un hombre entregado al perfeccionamiento del espíritu y del cuerpo.
c) La vida con la naturaleza es el componente central de la tradición. Así como los antiguos pobladores de los andes, no se puede entender la vida en tradición sin una relación armónica entre el hombre y la naturaleza. Aquél que diga seguir la tradición pero que piense que la naturaleza debe ser algo "dominado" o "explotado" está legitimando en realidad la destrucción del mismo mundo que le vio nacer. Evidentemente, la forma de vida es importante, pero esta vida debe llevarse alejada de la modernidad y sus excesos: el retorno a la naturaleza se convierte así en el nuevo imperativo moral de nuestros tiempos.


Comentarios
Interesante y sistemático el post. Pero quisiera que me puedas hacer algunas precisiones.
¿Es entonces tradicionalismo distinto o hasta opuesto al pensamiento conservador o reaccionario?. Igualmente, de lo expuesto sobre la tradición.. cuál es el concepto de libertad que manejan los tradicionalistas?
pd: Luego una observación incidental.. dices que el cuidado del cuerpo es propio de la tradición.. pero, y qué con la estetica "fisicoculturista" del mundo moderno... es que no está tambien de moda los gyms y la comida "light"?
saludos cordiales,
Cesar ZG
Te agradezco las preguntas, muy importantes por cierto.
La concepción de tradición que he expuesto es radicalmente distinta a la forma como los "conservadores" o "reaccionarios" suelen plantearlo porque, como puedes haber percibido, la tradición no es un discurso político, ni moral ni religioso, y tampoco la defensa de instituciones antiguas como la Iglesia o el Rey; sino ante todo una forma de vida acorde a la virtud y el perfeccionamiento espiritual.
El tema de la libertad es complejo desde una concepción tradicional, porque es no moderna. Por esa razón, la manera de entender la libertad es más "positiva" que "negativa" (en términos de Isaiah Berlin). Es decir, se entiende que uno es libre cuando se reconoce como parte de una comunidad y participa de manera activa y directa de los asuntos públicos. Pero voy a explayarme sobre el asunto de la libertad en otro post, porque merece una mayor reflexión.
Finalmente, me parece que la idea de la perfección del cuerpo en el sentido espiritual no es en absoluto moderna. La onda de los gyms, comida light, etc., sólo están enfocadas en la moda de tener un cuerpo "bonito" y, a veces, "saludable". Pero en la concepción antigua el cuidado del cuerpo era análogo al cuidado del alma, lo cual está totalmente ausente en nuestro contexto de modernidad, banalidad e inmediatez. Esa es mi impresión.
cordiales saludos.
Finalmente, una curiosidad: te consideras tradicionalista o vienes desarrollando algun pensamiento en esa dirección¿
saludos cordiales,
CZG