LA CIENCIA POLÍTICA Y EL MÉTODO (1)


Métodos de Investigación en Ciencia Política (PUCP, 2010-1)

Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo

Clase 1: La Ciencia Política y el Método

Sartori, Giovanni. 2004. La Política. Lógica y Método en las Ciencias Sociales. México D.F.: FCE. pp. 201-260.

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1. ¿Qué es Política?

Cuando hablamos de ciencia política tenemos que responder dos preguntas al mismo tiempo: ¿Qué es ciencia? y ¿Qué es política? Del mismo modo, aunque no por eso menos obvio, queda claro que la relación entre estas dos no es armónica, ya que la pregunta que inmediatamente surge es si la política, entendida como la actividad humana y contingente en la polis, puede realmente ser estudiada con el método científico moderno de la Física.

Giovanni Sartori afirma que en un principio ciencia y filosofía eran parte de un todo, por lo cual el primer paso para entender a qué campo de conocimiento se refiere la ciencia política es entender la distinción entre ciencia y filosofía. Del mismo modo, la política era una esfera imbricada con lo social y lo económico, por lo cual al hablar propiamente de lo político, debemos comprender cómo se va produciendo la separación entre lo político y lo social (no la sociedad).

Para entender la idea de política -dice Sartori- hoy estamos acostumbrados a separar “lo político” de “lo social”, pero esto tiene tres errores: a) esta división no existía en los griegos; b) lo “social” no es “la sociedad” y c) cuando hoy hablamos de política no nos referimos en absoluto a politiké. Esto se explicaría porque, por ejemplo, Aristóteles y los griegos entendían lo político como un vivir colectivo dentro de la comunidad (vivir en koinonoía): era una forma de vida y una parte esencial de la actividad humana. No obstante, con los romanos se ve el desdoblamiento entre lo social y lo político, en el sentido de que éstos reemplazaron la idea de polis como una civitas societas que a su vez se traduce en una iuris societas. Por esa razón, por ejemplo, para Séneca y para la visión estoica del mundo el hombre ya no es un animal político sino un sociale animal.

Es interesante mencionar cómo Sartori no hace referencia directa a que aquí es donde se produce un quiebre en la visión de la política como una esencia y actividad del hombre en la comunidad, lo cual sitúa a la política como una esfera ajena a lo social, es decir, ajena a la política como una forma de vida. Por otro lado, Sartori dice que esto causa una visión vertical y horizontal de la política. La primera es la que tendríamos hoy con la visión del Estado como un aparato autónomo y contrapuesto a la sociedad; mientras el segundo estaba más cerca de la visión clásica griega del “bien común”, i.e., el commonwealth.

Con la autonomía de la política, sin embargo, se entiende que esta es independiente, autosuficiente y causa primera. Estos puntos se vieron planteados con mayor claridad en El Príncipe de Maquiavelo que separa lo político de la moral y la religión. No obstante, este autor no establece el carácter científico de la política, sino más bien explicita las reglas fácticas para que el príncipe pueda gobernar. En el sentido estricto, Maquiavelo hace evidente que la política es una actividad humana autónoma y de conflicto. Por su parte, Thomas Hobbes incluye el modelo lógico matemático de la geometría para el estudio de la política. Aunque ambos autores no pueden ser considerados como científicos de lo político en el sentido moderno, porque esta se basa en la inducción, la observación y el experimento, ambos sitúan a la política como una esfera diferente y autónoma.

Por otra parte, la distinción lenta y más difícil fue la que aconteció entre Estado y sociedad. Esta se produjo fundamentalmente por la separación entre la esfera política y la esfera económica. Esta última fue conceptualizada sobre todo por Adam Smith y David Ricardo que demostraban que la sociedad podía tener prosperidad a expensas de la intervención estatal. La esfera económica se determina por las leyes del mercado y el automatismo espontáneo. Este proceso se ve claramente en Locke quien sitúa los límites del Estado absoluto en pro de un estado limitado que deja un espacio extra estatal regulado y protegido por el derecho y las leyes. La sociedad como algo autónomo recién puede verse entonces en el s. XIX, momento en el cual curiosamente también surge la sociología con Augusto Comte.

Sartori también plantea que hay una crisis de identidad de la política porque se usa la palabra pero sin definirla con rigor. Para esto propone que se cambie la pregunta sobre cuáles son las diferencias del animal político y del animal social por la pregunta acerca de las denotaciones “en política” y “sistema político” y sus diferencias frente al sistema social y el sistema económico. Frente a esto no bastan los conceptos de coerción y poder para definir la política, ya que en la definición del Estado como la organización con el monopolio de la violencia suponemos que él tiene una serie de instituciones para dicho fin. En este sentido, Sartori menciona un elemento fundamental en la identidad de la política desde el s. XIX: mientras más nos alejamos de la política como polis ciudad-estado, se va asumiendo con mayor rigor una visión vertical: Estado -> Sociedad (incorporando conceptos como regnum, dominium, imperium, potestas). Por el contrario, la visión horizontal Estado <-> Sociedad es incorporada por la sociología.

Sin embargo, esta distinción del s. XIX no sería suficiente, ya que en el s. XX se da el fenómeno de la sociedad de masas y la democratización. Esto produce el cambio de la definición de Estado por la de sistema político, ya que al orden vertical se une al horizontal en la sociedad. Según Sartori las decisiones políticas pueden entenderse como decisiones colectivas soberanas que tienen un carácter coercitivo en un territorio respectivo. Las decisiones políticas abarcan espectros muy distintos, pero tienen la característica de ser de dominio público. Por el contrario, la sociología ha intentado absorber la esfera de la ciencia política a una de sus ramas, teniendo en la entrada marxista su mayor ahínco. Esto nos lleva a preguntarnos hasta qué punto la política puede entenderse como algo autónomo y si es que, entonces, puede ser un objeto de estudio.

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