LO BUENO Y LO MALO DE LO ACADÉMICO COMO PROFESIÓN
Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo
El mundo de académico es apasionante y desafiante. No
todos tienen el perfil y las actitudes para desarrollar una carrera académica.
Para empezar se necesita un alto grado de pensamiento abstracto, muy buena
memoria para acumular grandes cantidades de información y un horizonte de
pensamiento cuestionador e irreverente. De alguna manera el modelo de académico
parte de lo que Sócrates era en su momento: un personaje que está elaborando
preguntas constantemente.
Los académicos realizan investigaciones que contribuyen al
desarrollo de la ciencia. Ese es su rol principal. Son profesionales entregados
al conocimiento, por lo cual sus aportes no deben medirse con una varilla de
cantidad, sino de calidad. En países como EEUU o Europa los académicos están
ligados a los Think Tanks, las universidades y diversas instituciones que toman
decisiones fundamentales para las políticas públicas. Pero no cualquier
académico puede lograr estas condiciones. Se necesitan muchos años de trabajo y
de hecho su labor recién se ve concretada en un largo plazo, cuando el
académico ha logrado publicaciones, reconocimiento y liderazgo de opinión en la
esfera pública.
En el caso peruano los académicos tienen puntos buenos y
malos. Empecemos por lo primero. Los académicos en el Perú trabajan
fundamentalmente en las universidades. A diferencia de otros países, los
académicos están obligados a llevar la vida de investigación con el de la
docencia. Lo cual es una ventaja porque la generación de conocimiento en el que
están abocados se complementa con la estimulante experiencia de estar con los
estudiantes. Y vaya que esa experiencia es enriquecedora porque los estudiantes
tienen mucho que enseñarles a los académicos. Asimismo, los académicos también
trabajan en consultorías para instituciones del Estado, empresas privadas y ONG’s.
Lo cual les da una visión muy amplia y compleja de la realidad. En ese sentido,
el académico no sólo es valorado dentro de la universidad, sino también fuera
de ella.
Pero los académicos en el Perú tienen muchas desventajas que
no son fácilmente solucionables. En primer lugar, debido a que pasan demasiado
tiempo en la universidad, porque normalmente se desempeñan como profesores de
tiempo completo, están muy desconectados de la vida cotidiana fuera de los
muros universitarios. La universidad es y siempre será una burbuja, debido a
que esta no tiene el ritmo, la exigencia, el estrés y la rapidez que existen en
instituciones estatales o privadas. Por esa razón, una desventaja de los académicos
es que suelen juzgar el mundo desde sus propios anteojos: el del conocimiento y
los títulos universitarios. De esta manera, el académico suele suponer que
alguien con un Phd o maestría en una universidad extranjera siempre va a ser
mejor que alguien con menos títulos, no dándose cuenta que hay personas con una
gran experiencia en el mundo de la toma de decisiones, como son la arena de la
política y los negocios. De este modo, el académico debe lidiar con el problema
de estar en el mundo del conocimiento, pero totalmente desligado al mundo
práctico de la vida cotidiana. Encontrar el balance no le es nada sencillo.
En segundo lugar, los académicos tienen un ámbito laboral
muy reducido. En el Perú si un académico quiere salir adelante tiene que ser un
pulpo. Para empezar debe enseñar en la universidad, pero luego debe
involucrarse en un trabajo que le garantice un financiamiento y desarrollo de
una investigación -lo cual no es nada fácil-, y además también debe realizar
seminarios, talleres, charlas o trabajos puntuales para diversas instituciones.
De este modo, a diferencia de un ejecutivo de una corporación o un alto
funcionario público, el académico debe trabajar mucho más que cualquier otro
profesional para cubrir un mínimo de ingresos que le garanticen tranquilidad y
confort. Sin embargo, es claro que como el académico no tiene experiencia ni
capacidad para la toma de decisiones, sus sueldos son mucho más bajos que un
profesional que toma decisiones en una empresa privada. Un académico muy
difícilmente logrará ser de la clase alta con su trabajo, y por eso debe
conformarse con pertenecer a una sólida clase media. Del mismo modo, su trabajo
no tiene el impacto e importancia que el de un gerente en una empresa minera o
gasífera, ni la de un ingeniero y jefe de planta en una industria pesquera o
agrícola. Esto lo pone en una desventaja en el mercado porque es un profesional
fácilmente prescindible. Por esa razón, los académicos se refugian con todas
sus fuerzas en los claustros universitarios, en donde saben que estarán seguros
y con mayores chances de ascenso –lo cual tampoco es fácil.
Por otra parte, los académicos en el Perú trabajan muchas
horas gratis. Los artículos académicos, libros, análisis de coyuntura,
conferencias, charlas, asesorías, entre otros, muchas veces no son remunerados.
Esto es una desventaja porque el académico le dedica horas-hombre al
conocimiento que produce, sin muchas veces recibir algo a cambio. Como
respuesta a esto, muchos académicos han optado por perfilarse como consultores.
Pero el problema es que como un académico no tiene perfil de empresario, sólo
puede ser consultor pero no realmente conformar una empresa consultora. Hay
casos excepcionales, pero como regla general, un académico difícilmente será un
empresario. De esta manera, los académicos tienen que encontrar el balance
entre realizar una labor que les da prestigio, renombre y buena ubicación, y el
de no recibir la remuneración adecuada por la cantidad de horas dedicadas a
esta actividad.
Finalmente, un gran problema de los académicos es la
expectativa que tienen entre el tiempo que han estudiado y el reconocimiento
que creen merecer. Un académico no sólo ha estudiado los 5 años de la
universidad, además le ha dedicado 2 años a una maestría y un promedio de 4 o 5
años para lograr un doctorado o Phd. Si sacamos la cuenta, un académico ha
estudiado un aproximado de 11 o 12 años, por lo cual exige un pago y un
reconocimiento a la altura de su preparación. Del mismo modo, muchos académicos
realizan post-doctorados, lo cual los vuelve profesionales con exceso de
preparación académica. No obstante, en el mercado peruano se suele valorar
mucho más en sueldo y reconocimiento a los que toman decisiones cardinales para
la vida de las mayorías o en el de las empresas en las que trabajan. Siendo
así, un académico debe aceptar que su exceso de preparación no se traducirá en
una buena recompensa salarial. Lo cual es una paradoja porque finalmente de
conocimiento no se vive. Pero esa es la paradoja existencial que siempre
acompañará al académico.



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