“SOY ACADÉMICO, PERO A NADIE LE IMPORTA”



Por: Carlos Eduardo Pérez Crespo

Esa frase me la dijo un amigo filósofo que además piensa que la aspiración a la profesión académica en el Perú es irreal y bastante absurda. Su cuestionamiento se basa en tres principios. Primero, que aquellos que se llaman académicos en el Perú en realidad no son tales, sino solamente profesores universitarios de tiempo completo con algunas labores de consultoría o investigación. Asimismo, hace una distinción entre el gusto y placer por el estudio, y la investigación y la profesionalidad académica. En concreto sepultaba con la siguiente frase: “si te gusta estudiar, pues hazlo, pero no conviertas tu gusto en profesión”. Por último, mi estimado amigo planteaba lo irreal del campo laboral académico, debido a que no existen en el Perú centros de investigación o Think Tanks como en los EEUU o Europa. En conclusión, mi estimado amigo me decía que una verdadera profesión académica no podía existir en un país subdesarrollado como el Perú, sino sólo en países desarrollados, debido a que los académicos en estos países tienen los recursos, las herramientas y el espacio adecuado para su correcto desenvolvimiento profesional.

Frente a estas críticas hay que admitir que los tres puntos son ciertos. Pero hay que hacer una distinción adicional: el académico peruano tampoco es un intelectual. El intelectual es aquél que ha dedicado su vida al estudio y la investigación, pero que además está involucrado a un proyecto o ideología política. Es decir, un intelectual realmente representa a grupos de interés, colectivos y poderes fácticos. En el Perú podemos notar que ningún académico tiene tal posición. Y es por esa razón que no existen intelectuales liberales, como se ha estado sugiriendo en algunos artículos en los medios, ya que si de verdad existiesen tales, las empresas privadas serían las primeras en verse representadas en tales voces. Lo cual a todas luces no es cierto, porque ni en las corporaciones ni en Gamarra suenan los "intelectuales" liberales. Valga el énfasis: ningún académico peruano tiene la capacidad para influir en las decisiones de los empresarios corporativos, Mypes, Pymes, medios de comunicación, oficiales de las fuerzas armadas, autoridades eclesiásticas, entre otros. En realidad estos actores sólo son influenciados por actores políticos o económicos, pero no por los académicos.  En ese sentido, el académico en el caso peruano está condenado a observar y describir los fenómenos desde su escritorio o la ventana de su oficina, sin capacidad alguna para influenciar en la toma de decisiones; más aún porque sus investigaciones, artículos o producción tienen un impacto muy débil o tenue en las decisiones cruciales del país.

La razón de esta posición de desventaja del académico se basa en tres puntos adicionales. Para empezar el académico está totalmente entregado al conocimiento, pero no da las herramientas o el “know how” para gestionar situaciones políticas o económicas, como por ejemplo la resolución de conflictos sociales. Es decir, “conoce mucho, pero no ha hecho casi nada”, debido a que no tiene ninguna experiencia en las dos arenas más importantes del poder: la política y los negocios. Por otra parte, el público para el que escribe es totalmente reducido, incluso cuando sale en la televisión. Sus principales lectores u oyentes son fundamentalmente sus estudiantes más aplicados, colegas de la misma profesión o afines y algunas personas interesadas en el tema. En resumen, un grupo de nerds. Es la verdad. Si hiciéramos un conteo, realmente los académicos tienen un público muy pequeño que realmente ha leído y comprendido sus textos.

Además de estas críticas interesantes, mi amigo filósofo me mencionó alguna vez que lo peor de todo el asunto es que los académicos piensan –o quieren creer- que ellos son importantes para la sociedad. En un post anterior mencionamos que realmente lo son, porque contribuyen al conocimiento desde las universidades o las instituciones a las cuales están involucrados. Pero hay que poner las cosas en su lugar. Ninguna empresa o institución quebraría o desaparecería si los académicos no existieran. Si por alguna razón del universo los abogados, administradores, economistas e ingenieros desaparecerían de la faz de la tierra, y sólo quedasen los académicos, el mundo dejaría de funcionar por tres razones. Los académicos se preguntarían por qué desaparecieron todos. Luego buscarían hipótesis para explicar el fenómeno. Y por último plantearían teorías al respecto. Pero cuando todo eso ocurra, los académicos se habrían quedado solos en el mundo.

Finalmente, una de las frases que más me impactó de mi amigo filósofo es que él realmente sí se considera un académico. Esto puede parecer contradictorio por el perfil profesional que tiene. Para empezar, mi estimado amigo no enseña en ninguna universidad, no ha publicado ningún libro ni artículos en journals peer review. Asimismo, nunca ha sido un personaje que aparece en los medios de comunicación. Ante esto le pregunté por qué se considera entonces un académico, ya que todo lo que no hace es lo que supuestamente define a los académicos en el Perú actual. Me respondió que se consideraba académico porque simplemente le gustaba estudiar en su vida diaria. Y realmente eso lo hace libre, porque su pensamiento no está sometido a ninguna institución, posición política ni apoyo económico de ningún grupo de interés. Me puse a pensar que si realmente  es un académico, entonces es en serio que a nadie le importa lo que hace. Pero lo curioso es que es justamente esto lo que lo hace libre y erudito. Definitivamente Zaratustra estaba en lo correcto.   

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