Lo que podemos esperar del fujimorismo (una respuesta a Martín Soto)
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| Fuente: Utero de Marita |
Carlos Eduardo Pérez Crespo
Politólogo y docente en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Martín Soto Florián, importante abogado y joven líder de opinión, acaba de realizar un interesante y muy buen artículo titulado ¿Qué esperar del fujimorismo?. En líneas generales el autor plantea que, a pesar de que el fujimorismo expresa un éxito electoral importante, por haber obtenido 71 curules en el parlamento y una abrumadora -o desconsoladora- victoria en la primera vuelta electoral, no podemos considerarlo un partido político. Esto sustentado en la idea de que un partido supone el planteamiento de ideas, una filosofía y una visión de país sobre la relación entre el Estado y la política. En un sentido general estoy de acuerdo con Martín, puesto que comparto esta definición de lo que debería ser un partido; pero al mismo tiempo creo que sí existen ideas fundacionales dentro del fujimorismo que le han permitido obtener este éxito político y electoral.
Dentro de la ciencia política podemos reconocer una serie de estudios importantes sobre el fujimorismo contemporáneo. Entre ellos están los trabajos de Adriana Urrutia, Milagros Rejas y Melisa Navarro, además del trabajo que realicé hace muchos años sobre el golpe de Estado de 1992. En líneas generales, los estudios de los politólogos y "fujimorólogos" muestran que el fenómeno naranja existe como un partido político no solo por el tema de la organización, sino porque también está presente un Mito -que es una idea de identificación partidaria en el sentido de George Sorel- del militante en relación a la imagen en la historia de Alberto Fujimori. En el Mito soreliano fujimorista, Alberto Fujimori encarna la reconstrucción del Perú del proceso de violencia, terrorismo y crisis económica. Para el militante naranja, él es un neo-Che Guevara, un Luke Skywalker o un Cid campeador.Y es por ello que en las entrevistas que Urrutia realizó a la cúpula partidaria se demuestra que el momento fundacional del fujimorismo es el golpe de Estado de 1992: es decir, el momento en que ese discurso y Mito con respecto al caudillo -"chinito"- que quiebra el orden constitucional es legítimo -en términos de acclamatio, mas no de legalidad- para devolver el orden, la paz y la seguridad. Pero este discurso no es huérfano; por el contrario, Urrutia ha demostrado claramente que más del 25% de los militantes fujimoristas más importantes han pertenecido a cargos públicos de alto rango en el gobierno de Fujimori, como ministerios, programas sociales y otros despachos ligados al poder ejecutivo. El fujimorismo, por lo tanto, se construyó como discurso político con el golpe de 1992 y también como la lealtad del funcionario burocrático-administrativo weberiano que trabajó para Alberto Fujimori.
Siendo de este modo, encontramos que el fujimorismo se perfiló como una organización que está marcada por la experiencia de los noventas y solo después del juicio a Alberto Fujimori la organización fujimorista decide convertirse en la primera fuerza política del país. Este proceso produjo conflictos internos de competencia entre los bandos Keikistas y Albertistas, como bien ha señalado Rejas en su importante investigación sobre la construcción partidaria naranja. ¿Qué clase de partido es, entonces, el fujimorismo? Definitivamente no entraría en la definición clásica de Robert Mitchels, Duverger o Sartori. El fujimorismo debería ser entendido desde los ojos de Ernesto Laclau y su teoría del partido populista: aquél que vive de un Mito y que construye un discurso "vacío". Un discurso vacío es aquel que solo vive de una idea vaga en sí misma, es decir, que permite crear vínculos populistas de derecha o de izquierda, de acuerdo a la necesidad coyuntural. Es decir, el "vacío" de ideas del fujimorismo le permite ser de derecha en la primera vuelta; pero de izquierda frente a una candidatura como la de PPK.
Por estos motivos expuestos, considero que el fujimorismo no va en camino a convertirse en una UDI chilena, es decir, un partido clásico de derecha, porque para eso le faltarían intelectuales, cuadros ideológicos, y lo que Martín Soto reclama como lo que es característico y fundacional de un verdadero partido político: ideas y filosofía. Por el contrario, creo que lo que podemos esperar del fujimorismo es una organización política y partidaria populista, lo que quiere decir que es la nueva fuerza populista de masas en el siglo XXI. Así como frente a la generación del 900 de Riva-Agüero, García Calderón o Belaúnde, surgieron el APRA y el Partido Socialista como los primeros partidos populistas de masas, de ese mismo modo el fujimorismo está surgiendo como un partido populista que está destruyendo a los partidos tradicionales que han sido protagonistas y gobiernos en los últimos 15 años. El peligro inminente con esto es si este fenómeno naranja podría abrazar las ideas de la democracia liberal, el constitucionalismo y el consenso y la reconciliación. Es un gran misterio, del cual no podemos tener certezas sino solo fe y esperanza. Porque a todas luces debemos exigir que esto sea así, ya que sería muy perjudicial para la democracia peruana que el fujimorismo termine convirtiéndose en el nuevo chavismo o peronismo latinoamericano.



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