La música en el sistema filosófico de Hegel

* Este fragmento es sobre la música en la filosofía de Hegel. He borrado las notas a pie de página que hace la autora para facilitar la lectura. Pueden acceder al texto original aquí:



Abstract:


Music in Hegel's philosophical system.- Hegelian thought about music is part of a common idealist way of treating the arts: a metaphysical way, regarding art in its relation to truth. Thus it matches up to the way in which modern philosophy approaches aesthetics. Starting from a study of music we can make a new approach to the philosophy of Hegel, its problems, and its relation to the period of Romanticism in which it arose.



...

Hegel sitúa la música en un lugar del espíritu que ya ha alcanzado su identidad, esto es, en un espíritu que ya se ha interiorizado plenamente, al contrario de lo que ocurría en el arte griego, donde el espíritu encontraba su forma adecuada todavía en lo (precisamente en la figura pétrea del bello dios ensimismado), produciéndose una armonía de lo finito y lo infinito, no superada aún la condición exterior de su manifestación como absoluto. Así, la música se sitúa en lo que Hegel llama arte romántico, esto es, el arte post-clásico, identificado con el arte cristiano, amplio período que se extiende desde el final de la Antigüedad hasta sus contemporáneos. La música, como arte particular, sigue a la arquitectura (paradigma del arte simbólico), a la escultura (paradigma del arte clásico), y se sitúa, dentro de las artes propiamente románticas, tras la pintura, pero antes que la poesía.


La música tiene así una posición central dentro del arte romántico. Todo arte tiene una materia sensible. Lo que refleja la clasificación de las artes particulares realizada por Hegel es, en primer lugar, la progresiva interiorización del material sensible del arte. Y a ello corresponde también una progresiva interiorización de la forma. A la forma claramente exterior de la arquitectura y la escultura sigue la de la pintura, todavía exterior, pero que cuenta ya con un elemento mucho más ideal, al ser un arte que se presenta con sólo dos dimensiones (lo que ya no corresponde plenamente a la realidad exterior).

La música tiene como elemento algo ya absolutamente interior: el sonido. Y lo tiene en su manifestación pura, sin la significación que la poesía confiere a los sonidos (y en la cual, por tanto, el elemento sensible como tal adquiere una función subordinada). El sonido es en sí mismo algo ya mediado por la interioridad, pues su modo de producirse implica la unidad de lo que suena y lo que oye. Lo más interesante aquí es que esta unidad es puesta por el sujeto. El sonido como lo que suena es un aparecer y desaparecer continuo de vibraciones sonoras que se producen en el espacio; esto es percibido como sensación por el sujeto que oye.

Ahora bien, el yo obra como subjetividad en tanto que es lo que mantiene la unidad de la sensación en ese permanente aparecer y desaparecer de las vibraciones espaciales (exteriores), que él convierte de modo inmediato en temporales (interiores). La relevante consecuencia es que el sonido pone en movimiento al sujeto mismo en su simplicidad. Ello constituye el inicio de la identidad del sujeto, aunque sólo como identidad abstracta, como identidad meramente puesta en funcionamiento. El sonido es entonces forma de la identidad (abstracta) que lo percibe.

Ahora bien, el sonido como elemento de la música ha de ser algo más que la mera sucesión del mantenimiento del sonido, que es algo en sí mismo indeterminado. Es decir, una vez constituida la identidad abstracta del sujeto, éste necesita todavía de otro elemento que lo determine, que le confiera individualidad, que le haga captarse a sí mismo como este sujeto, y no otro. Esto se realiza gracias a la relación que se establece entre los sonidos, proporcionando así una determinación a la mera duración, y cuya consecuencia es la individualización del sujeto. Esta relación se presenta en la música bajo la forma del número.

El número racionaliza tanto el compás, como la consecución de los sonidos (melodía) como la verticalidad de sus leyes sonoras (armonía), leyes que proceden de la naturaleza. Pero es la noción de ritmo la que aparece como fundamento tanto del compás, como de la armonía y la melodía. El ritmo pone en relación estos tres elementos en la medida en que se desenvuelven en el tiempo, en el plano de la fluctuación alternante, pero cuyo sostén se encuentra, sin embargo, más allá de esa alternancia: en el yo.

Y así, la regularidad impuesta por el yo al sonido determina la forma de la música, es el concepto de su orden, intrínsecamente ligado asu transcurrir en el tiempo. Pues el orden impuesto al sonido es la condición de la persistencia del yo en el sonido. Y el ritmo constituye entonces el pulso del yo en el tiempo, es el movimiento contínuo del yo como referencia permanente en la diversidad, referencia que se hace intuitiva mediante el número. (Me importa destacar en este punto el carácter intuitivo que confiere el número al acontecimiento musical, pues no podemos olvidar que el arte se desenvuelve en el ámbito de la intuición, aunque en el caso de lamúsica es el ámbito puramente de la intuición temporal; pero de una temporalidad que supera permanentemente la espacialidad exterior, el medio en el que se produce el sonido).

La extensividad de la obra musical, condición de su desarrollarse en el tiempo, significa entonces una poderosa y persistente concentración del yo. Esto lo consigue el sujeto mediante la interiorización o memoria (Erinnerung). Ésta remite a la unidad, y pone anterioridad al sonido puntual, integrándolo en un sistema determinado de sonidos, de modo que cada sonido aislado es tomado como parte de un todo que transcurre en el tiempo. Pero pone también posterioridad, pues la referencia sigue siendo la unidad, y en un sistema de sonidos determinado, cada sonido representa una tendencia hacia la resolución final. Esto es lo propiamente musical de la música: el ritmo como pulso del yo (que pone la unidad) en el despliegue de un tiempo que se expresacomo relación de los sonidos.

Y el ritmo es entonces la expresión pura del momento de encuentro mismo entre la identidad y la diferencia: mediante el ritmo, el yo mantiene la diferencia, pero sustenta la identidad precisamente en su persistir como diferencia. Y en la medida en que todo este proceso se desarrolla en el tiempo, el ritmo hace efectiva la pura experiencia del tiempo, es la expresión misma del tiempo como actual, efectuándose la identificación entre el tiempo del sonido y el tiempo del sujeto. El ritmo es entonces la determinación general de lo propiamente musical en la música. Y esto propiamente musical es, por tanto, forma. Pero no olvidemos que, cuando Hegel habla de arte, está hablando de algo que es expresión de un contenido, contenido que es, además, absoluto: pues lo artístico consiste, precisamente, en que lo sensible tenga un contenido absoluto.

Aquí nos encontramos con la gran cuestión de la música como arte en el pensamiento de Hegel. Pues la música, siendo arte, ha de tener un contenido. Ahora bien, ¿qué contenido se pone de manifiesto en la música? Cuando se trata de música acompañante, música subordinada a la significación contenida en un texto, el problema parece resuelto (aparte de las indicaciones de Hegel respecto a la mayor o menor idoneidad de determinados tipos de poesía para ser acompañadas de música, etc.). Pero la cuestión se presenta problemática cuando se refiere al tratamiento de la música como música instrumental, como música pura.

Pues bien, hay otro aspecto intrínseco a la música: el yo que aparece en la música se determina también inmediatamente como sentimiento.
Es decir, la música no es sólo forma, en relación a su cualidad numérica, sino que esta determinación ha de ir unida a algo que se expresa mediante esa forma. Y lo que ese «algo» sea, se presenta a su vez en la forma de la sensación (Empfindung) o sentimiento (Gefühl). En Hegel, todo contenido, sea más elevado o menos elevado, tiene la facultad de poder ser expresado de alguna manera en lo sensible, facultad que se fundamenta en la profunda unidad que presenta el todo hegeliano. Así, el contenido más elevado puede ser sentido.

Pero su determinación como algo "sentido" no viene del contenido, sino de la forma que este contenido adquiere: precisamente, la de la sensación o sentimiento. Mediante la sensación, cualquier contenido, aun el más general, aun el más universal, adquiere el carácter de lo mío. Lo que ocurre aquí es que la música ofrece y puede ofrecer contenidos incluso muy elevados, pero concentrados en ese santuario de la mismidad que es el sentimiento. Así, la música como algo estrictamente formal en relación con su cualidad numérica, no tiene un contenido. Pero la sensación, como tal y en sí misma, sí lo tiene, en la forma siempre de lo subjetivo.

Ahora bien, la sensación pertenece tanto como el número, según Hegel, al hecho musical; aunque lo estrictamente musical es en sí mismo puramente formal. Lo que en definitiva ocurre es que en la música comparece un yo que no solamente es puesto en movimiento por el hecho del sonido, y determinado individualmente por la relación numérica que establece el yo en el sonido, sino que ese yo se determina también de modo inmediato como sentimiento, lo que atañe directamente al contenido. Así, la música, trayendo a la forma del sentimiento cualquier contenido, apela al corazón del yo para la aprehensión de ese contenido, que sólo, quizá, en la música puede ser puesto como sensación.

La música, por tanto, es en sí misma forma desde dos puntos devista: 1) desde el punto de vista de su acontecer, como temporalidad que se efectúa en el tiempo, tiempo que lo es de un sujeto que está elaborando de modo permanente en su interior la realidad exterior, y lo hace racionalizando lo sensible dado bajo la forma del número. 2) desde el punto de vista del contenido que puede expresar, incluso cuando es música pura o instrumental: el contenido queda en ella reducido a forma de un contenido, esto es, la sensación o sentimiento. Ello presupone que toda sensación es forma de un contenido, y sin duda, aquella forma que apela directamente a lo individual y subjetivo, que pone ese contenido en la forma de lo individual.

...

Más artículos de la misma autora en:

Comentarios

Entradas populares