LA MODERNIDAD ES UN HECHO, EL RETORNO ES IMPOSIBLE
Carlos Eduardo Pérez Crespo
Hace mucho tiempo quería polemizar sobre las críticas tradicionalistas a la modernidad. No porque me parezcan erradas, al contrario, deben ser tomadas en cuenta. Por esa razón, quisiera exponer mi impresión al respecto. Los dos principales pensadores sociales que trataron de comprender la modernidad fueron Karl Marx y Max Weber. Ninguno de ellos tiene en sus escritos algo que diga "la modernidad es X". No. Más bien trataron de comprender qué características económicas, sociales y políticas llevaba la transición de las sociedades tradicionales a las sociedades complejas. ¿Qué es, entonces, la modernidad para estos autores? Sin ánimos de hacer una descripción extensa, mencionemos sólo algunos puntos clave.
En su célebre libro El Capital Karl Marx reconoció un aspecto fundamental del tránsito a la modernidad: la economía. La clave para entender el proceso, entonces, está en los cambios en la relación capital-trabajo. De este modo, Marx analizó y distinguió las fuerzas productivas (maquinaria, industria, etc.) de las relaciones de producción (como la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía). Lo fundamental, por tanto, es cómo se produjo una nueva dinámica: son el trabajo y el capital los que originan los cambios en la estructura económica, y es a partir de ahí que debe comprenderse el paso de la sociedad tradicional a la sociedad industrial y capitalista. La modernidad, entonces, se refiere a aquellas sociedades basadas en la producción y la explotación capitalista, en donde el "trabajo alienado" y el "fetichismo de la mercancía" son parte de las relaciones sociales.
Por su parte, Max Weber jamás mencionó en su libro Economía y Sociedad que su estudio era una respuesta a lo que Marx había escrito. Sin embargo, la comprensión que tiene del tránsito de lo tradicional a lo moderno puede leerse como una crítica a Marx, pues lleva una complejidad mayor: no sólo son la economía y las relaciones de producción, sino también la cultura y lo social. De este modo, Weber distinguió tres formas de legitimidad que coexistirían en las sociedades complejas. En primer lugar, la legitimidad tradicional basada en la costumbre y las antiguas jerarquías, y que son propiamente las sociedades tradicionales ajenas al proceso de industrialización. En segundo lugar, la legitimidad carismática, que se refiere a la adhesión y a la obediciencia a un líder que despierta, valga la redundancia, carisma. Finalmente, la legitimidad racional, propia de las sociedades complejas, en donde existen estructuras e instituciones legales, como la burocracia, y donde la legitimidad es internalizada racionalmente por los individuos en la acción social. Por lo tanto, para Weber, a diferencia de Marx, la característica principal de la modernidad es la "racionalización" de la acción social, en donde existen los diferentes tipos de legitimidad.
¿Qué importancia tiene reflexionar sobre Marx y Weber? La respuesta es muy simple. Ambos autores vieron el tránsito de la sociedad tradicional a la moderna como un hecho ineludible, en donde los cambios producidos por la economía y lo social los asombraron de manera espectacular: Marx se veía entusiasmado por el descubrimiento del alumbrado público, y no se imaginaba hasta dónde podía llegar el capitalismo; Weber quedaba anonadado al ver cómo el capitalismo llegaba a sociedades profundamente tradicionales como la China y la India, y observaba con pasión cómo se transformaba la cultura y cómo también la cultura transformaba a la modernidad.
Este asombro que vivieron Marx y Weber fue el mismo que vivieron los "pensadores reaccionarios": Joseph de Maistre quedaba estupefacto y horrorizado por los sucesos terribles de la Revolución Francesa, pero mirando la historia trataba de comprender qué era lo que estaba pasando en su contexto, para después concluir que no había retorno: la revolución y la modernidad eran un hecho. Lo mismo pasó con Donoso Cortés. Es célebre aquella reflexión en la cual sugiere que la modernidad es un proceso en donde la represión política (externa) ha aumentado, y la represión religiosa (interna) ha disminuido. Las monarquías absolutas han desaparecido en su contexto, por lo cual para él la dictadura sería un freno legítimo. ¿Es posible el retorno para Donoso Cortés? Tampoco. El cambio brusco cambió la historia para siempre, y para él no es posible pensar desde el pasado, sino desde la crisis del presente. Así pues, para los "pensadores reaccionarios" clásicos la modernidad era un hecho, el retorno era imposible, y por eso la autodetrucción sería inevitable. Son la crudeza de la descripción de su presente y lo apocalíptico de su pensamiento, lo que los hace aún completamente vigentes. La modernidad llegó, cambio y destruyó, pero el retorno ya no es posible.
Espero sus comentarios.


Comentarios
Brillante y contundente. Veo que te asaste....jajaja.
(Suave, no te vayan a hacer proceso disciplinario en "El Eje" o la "Santa Alianza" (digo, la Coalición).
Un abrazo,
Gonzalo.
Muchas gracias por los comentarios. En realidad no me he molestado con nadie, ya que las críticas que he planteado las tenías presentes desde hace mucho tiempo, sólo que no tuve la oportunidad ni los ánimos de escribirlas.
Así que mi post es un llamado al sano debate. Por lo cual no habrá ningún proceso disciplinario, sólo amistad y respeto, como debe ser.
Un cordial abrazo,
Carlos Eduardo Pérez Crespo
Bromas aparte, tu texto es muy agudo. Defiendes una tesis hegeliana muy persuasiva. En efecto, el retorno es imposible (e indeseable).
Saludos,
Gonzalo.
Hola Carlos
Lo que sea o no posible en el futuro es un asunto que puede escapar en márgenes muy importantes -a veces dramáticamente importantes- a los cálculos de analistas de las ciencias sociales.
Fenómenos como el cambio climático, un eventual colapso del sistema financiero internacional, el declive del petróleo, una guerra contra Irán que implique a más actores regionales (Siria, por ejemplo, con una eventual complicación de situaciones que hagan arder Medio Oriente), hacen que las 'situaciones de excepción' proclives a atmósferas 'decisionistas', por decirlo así, introduzcan variables que simplemente nos dejan el marco de un futuro insospechado.
Añade simplemente algunas consideraciones: ¿Qué pasaría si Pakistán -con arsenal atómico- se fractura, hay golpe de estado? ¿Cómo reaccionaría India? ¿Y EEUU? ¿Y el resto del mundo islámico?
¿Qué pasa si Irán obtuviera una bomba atómica? ¿Qué pasaría si Arabaia Saudita permitiera nuevamente la presencia de tropas americanas en su suelo?
¿Qué ocurriría si en extremo Oriente se complica demasiado el asunto de Pekín?
El siglo XX y XXI han estado lleno de cambios de un ritmo sorprendente y justamente la sorpresa ha sido el tenor de las reflexiones surgidas al respecto.
Si las perspectivas tradicionalistas fueran tan locas, no generarían tanta ensimismada respuesta en su contra.
Y no me refiero a nuestras discusiones en blogs, de pr sí muy encendidas si los tradicionalistas fuéramos simplemente locos chiflados irrelevantes del Medioevo, me refiero a proyectos militares concretos, a millones de dólares, a estrategias geopolíticas destinadas desesperadamente a que Pakistán no caiga en manos de jihadistas, o a que Irán no llegue a la bomba.
¿Cómo puede en el futuro, ante todas estas variables, comportarse el nuevo bloque Rusia-China en ciernes, en el cual ya se está hablando por algunos actores regionales de concretarlo en una alianza no sólo económica sino militar?
Demasiadas variables todas de una potencialidad no sospechable.
Incertidumbre. Tal vez las cosas se reacomoden algo pero la máquina liberal siga en pie. O tal vez, en el otro lado de las posibilidades, este mundo se remueva geopolíticamente de pies a cabeza.
¿Cómo saber de antemano que no es así? Pues tus reflexiones, para sostenerse, implicarían en efecto asumir sólo una cierta zona del espectro de las posibilidades del futuro.
Desde las propias estructuras políticas de Occidente no vendrá ciertamente ninguna restauración. Al menos en eso podemos estar de acuerdo razonablemente.
Con uñas y garras se opondrá a todo lo que deba oponerse a fin de sobrevivir. Incluso si debe recurrir a armas diabólicas (como ya hicieron uso de una pequeña bomba atómica en la guerra contra Saddam!).
Desde las estructuras políticas de las democracias occidentales, ciertamente no.
Pero el mundo no se agota allí.
Y en esta era global, los cambios en un lado repercutirán inevitablemente en otros lugares.
Por mi parte, por parte de los tradicionalista en general, creo, tengo certezas de otro orden, certezas, sí, aunque no compartibles por esta vía, que me indican que vendrá un tiempo de un enorme cambio.
Slds.,
Nureddín
Cómo estás? Gracias por tus comentarios siempre tan agudos. Mira, en realidad en el post jamás he mencionado que el cambio sea imposible o que la naturaleza del régimen político puede cambiar: es decir, que pase algo inesperado que haga que en todo el planeta reinen monarquías o dictaduras. Eso es totalmente posible, pues los regímenes no son eternos.
El punto no es tanto ese. El argumento quiere mostrar que así se cambie la naturaleza del régimen a una monarquía, sultanato, dictadura o lo que sea, la modernidad y la tecnología son un hecho. Serían regímenes que tendrían que convivir con estos cambios. Es decir, la historia no puede borrarse, y así como dice el proverbio: "nunca beberás agua del mismo río".
Es cierto entonces, el mundo no se acaba allí, pero vayamos al hecho de que el cambio igual tendrá que lidiar con un planeta contaminado, armas de destrucción masiva y enfermedades mortales que cada vez se expanden como epidemias. Eso no lo cambiará otro tipo de régimen, me parece, tampoco uno tradicional.
saludos cordiales,
Carlos Eduardo Pérez Crespo
Hola Carlos
Las ciencias y la tecnología son algo que debe asumir cualquier nuevo régimen, claro.
Pero el tradicionalismo no es retorno al pasado, sino el despertar de una Weeltanschaung de lo sagrado que reconecte todas las esferas de una sociedad 'en función a una tradición revelada'.
'En función a un tradición revelada' es pasar de lo gaseoso de 'lo sagrado' (lo que nos haría ir más allá que lo que va el mero ecologismo o 'políticca integral' New Age) a lo concreto de formas socio-políticas.
Ciertamente, ningún proyecto 'tradicional' ha sido copia igual al anterior, pues el mundo ofrece siempre nuevas circunstancias (los califatos del Islam han sido muy distintos entre sí, pero con todo hay algo que los hace parte de la misma familia).
Lo que no cambia es la fuente de la que se beben soluciones para situaciones siempre nuevas.
Lo que sí cambiaría con regímenes tradicionales son las formas políticas -hoy seculares y con un casi monopolio del liberalismo político-, los discursos jurídicos concomitantes y ... la forma de hacer economía.
Este último es un aspecto que casi nunca se toma en cuenta en el análisis de los retos que presenta el tradicionalismo al mundo secular liberal de las democracias occidentales.
Pero, por poner el caso que conozco, en el Islam la prohibición de la 'usura' no es sólo la prohibición de un 'interés elevado', sino del interés en sí. Y de los contratos que llenan las bolsas de valores basados en la especulación de índices o medición de riesgos pagados de antemano, también.
El tradicionalismo aquí implicaría un adiós al sistema financiero internacional tal como lo conocemos hoy en día.
Implicaría una redefinición asimismo de lo que es la moneda (no moneda fiat, sino moneda con valor real).
Desinflar la espiral de un dinero puramente electrónico que se reproduce a sí mismo monstruosamente y que hoy es capaz de comprar más de 300 veces todas las mercancías de la tierra sin dejar de ser más que 'cifras electrónicas' (ESO es lo que permite, en último término económico, el armamentismo de miles de millones de dólares de costo, por ejemplo).
Esto implicaría un terremoto global a las estructuras sociales contemporáneas -o más bien a sus archiricos beneficiarios incrustados en el poder económico gravias a la venia de las democracias occidentales-. Implicaría librarnos de la plaga de la banca.
Y sustituir esos esquemas de dinero artificial y artificiosamente abundante, con otros esquemas de financiamiento, de economía de valor real.
Un cambio religioso, político, económico, que no es ni mucho menos poco decir.
Pero las ciencias, o la tecnología, seguirían -bajo los nuevos marcos- como herramienta útil.
No ya la tecnología como mal del hombre moderno, pues eso sólo se hace posible por las otras variables de la sociedad que en ese nuevo esquema cambiarían.
La tecnología como herramienta de un mundo reintegrado, como lo era antes de la inversión introducida por el mundo moderno.
De paso: toda derecha y toda izquierda dejan sin tocar el tema del interés del dinero. Para hacer eso posible, lo primero que tuvo que hacerse fue derribar la barrera religiosa contra la usura (lo que hizo que al final los propios discursos religiosos modernistas en Occidente acabaran aceptándolo).
Slds.
Nureddín
Yo también estoy de acuerdo contigo, la modernidad y sus secuelas van a permanecer más allá de cambios en los regímenes políticos. En todo caso vivimos en medio de la vorágine de un tiempo de cambio de época cuyas consecuencias últimas no son previsibles y pueden ser hasta inesperadas. El cambio vendrá, más allá de si está cerca o no, desde vías no previsibles por un pensamiento filosófico racional. Eso para un creyente en Dios y en verdades trascendentales. La visión apocalíptica de Donoso debe ser matizada con una visión escatológica.
A David,
Hola David. Escribes estupendamente debo decir.
Sobre las certezas del cambio quisiera saber cuáles son esas señales que lees, escríbeme a este correo: chrsxxi@gmail.com a ver si podemos abundar en ellas.
Saludos a todos
He leido tu último post. Estoy nuevamente de acuerdo contigo. Para empezar a bucear sobre las estructuras económicas de un mundo pre-moderno creo que habría que leer a Karl Polanyi, da una versión alternativa a la lectura de Marx. Estaré enviando un post al respecto.
Saludos,
Christian
¿Cuál es la cuestión aquí? ¿En verdad hay gente que cree que se puede regresar al antiguo régimen, sea cual fuere éste, igualito? ¿Hay algunos que piensen que la modernidad y la tecnología pasó sin hacer nada?
Creo que alguien así es un estúpido.
Ergo, sin deslegitimizar tu post (muy bueno), tu post se dirige a esa clase de estúpido.
Después de la modernidad nada es igual, o mejor dicho, después de cada década, a veces año, nada es igual.
La modernidad pasó, falló y murió. Pero eso marcó. Eso es inapelable.
Aunque la modernidad haya sido un 'desliz' en la historia, marcó, se quiera o no.
Pero, estamos en un mundo en cambio (cf. LFF, "Un mundo en cambio", 1985) y en cambio rápido. No obstante, eso no niega, como bien sabes, que halla formas de gobierno que sean monarquías y dictaduras. La democracia liberal no es ad eternum (gracias a Dios Altísimo que no es eterna esa forma de gobierno), por eso la formas de gobierno son circunstanciales, porque el hombre es circunstancia como diría De Maistre u Ortega y Gasset.
En fin.
Saludos,
Ricardo.
PD: Como vizconde de la alta gracia de la Coalición di saint amour tienes una llamada de atención...
PD2: Jajaja... esas bromitas Gonzalo son con doble filo ah! No somos un todo que piensa igual, por si aca... Aunque la broma estuvo buena... Jajaja...
Gracias por los comentarios. Creo que hemos llegado a una doble interrogante a partir de lo que ustedes muy bien han señalado:
1) ¿Es posible retornar al pasado pre-moderno tal como era antes?
2) o, en caso contrario, ¿Es posible "retornar" a un mundo tradicionalista pero con los matices de la modernidad y la tecnología? (lo que me parece sugiere David).
La respuesta a la primera interrogante ha sido un contundente NO. Y estoy completamente de acuerdo. Pero la segunda pregunta me es un tanto más complicada porque ya se entra al terreno de la "utopía" y el "esoterismo".
La naturaleza del régimen, como bien saben, puede cambiar, pero ¿eso haría que la modernidad y la tecnología tengan un significado distinto? ¿La usura podría revertirse? ¿El "fetichismo de la mercancía" podría cambiar? ¿Puede el hombre, como decía Rousseau, regresar al estado de naturaleza? Son preguntas similares, y del mismo calibre.
Mi impresión es que NO. Ni si quiera cambiando la naturaleza del régimen la modernidad y la tecnología tal como las conocemos hoy, son reversibles. Y es por eso que en De Maistre y en Donoso encuentro esa visión pesimista pero a la vez muy realista de las cosas. Evidentemente, para ellos "otro mundo ya no es posible". El mundo es este que se ha desplegado, y no se puede "cabalgar el tigre" porque este quizás ha pasado por nuestras narices sin que nos demos cuenta.
¿Qué hacer frente a esta "fatalidad" entonces? Algunos han optado por la visión más pesimista: tratar de sobrevivir; otros han optado, ahi sí, por el nihilismo.
A ver qué les parece.
saludos cordiales,
ATTE.
Carlos Eduardo Pérez Crespo
Hola Carlos
En cuanto a las preguntas que planteas sobre la opción 2, lo que lleva a pensar que un cambio en ese sentido no es posible, el mundo ha tenido muchas veces ya 'cambios trascendentales' antes, que no son explicables ni por el materialismo dialéctico, ni por otras formas de cientificismo social.
Con todos los esfuerzos que se quieran hacer para 'explicar' estos hechos, creo que honestamente se puede reconocer al menos que no se ha podido explicarlo a fondo, en su magnitud extraordinaria. Más allá de las consecuencias que se deriven o no de esta admisión honesta.
¿Cómo explicar la revolución de la conciencia cristiana en el mundo, por ejemplo? Jesucristo, la paz sea con él, no fue un político, ni un rebelde, ni un potentado o un príncipe. Pero marcó un antes y un después para toda una parte del mundo.
¿Cómo explicar la revolución de la conciencia islámica en el mundo? El Profeta Muhammad, la paz sea con él, tampoco tenía ni recursos, ni 'pujó por el poder', ni tenía 'contactos a su favor' que permitieran 'desde las élites' renovar las cosas. Así no fue como funcionó. Más aún, nació en medio de una zona totalmente marginal del mundo histórico y civilizacional, y la potencia de lo que se generó fue tal que alumbró varias culturas y civilizaciones distintas (no sólo árabes) en tres continentes del mundo.
Hay por tanto un factor, que es sobre el que quiero llamar la atención, que ES LO QUE es el factor más importante en todo proyecto tradicionalista. Traducido a términos compartibles, es una revolución de orden espiritual en la Weeltanschaung (sin pronunciarnos por el momento sobre el 'origen último' de una revolución así).
Tradicionalismo no es cambiar regímenes políticos y formas económicas. Es más, y ante todo, es algo que se sitúa como un prius lógico a todo lo otro.
Nuevamente en términos sociológicos compartibles, si supusiéramos un escenario de grandes y profundas crisis, el terreno de una reaparición de la conciencia espiritual de la Weeltanschaung de muchos pueblos se facilita en gran medida.
El fenómeno lo tenemos ya hoy en día presente. Los cambios de un futuro en ese sentido no harían más que aumentar a una magnitud insospechada hoy lo que ya hoy en día se presenta si bien en desorden, dejándose escuchar en todo el planeta.
Le llaman ahora 'el retorno de lo irracional' no?. Je, je.
Eso, de la mano con los necesarios cambios político económicos no liberales, acaba con el fectichismo de la mercancía, con la deshumanización del hombre por el hombre, y con muchas de las dolencias típicamente modernas.
Pues es justamente restituir a un mundo la presencia de algo que la modernidad cree haber eliminado.
Supongamos que el desarrollo de ciertas crisis desencadena consecuencias que posibilitan este reaparecer.
En tal escenario, el nihilismo es 'enemigo fácil', por decirlo así, pues -erosionadas que estén las seguridades político-económicas que le sirven hoy de sustento a su supremacía- en el aspecto del espíritu humano, el nihilismo como estado del ser humano no es sostenible.
Slds.,
Nureddín
Saludos,
Christian
P.D.: Queda pendiente mi post sobre Marx y Polanyi.
Gracias nuevamente por los comentarios. Si en caso entendí bien lo que dices, sugieres que es en la transformación espiritual, propuesta del tradicionalismo, donde el cambio sustancial se daría, lo cual estaría más allá de un cambio de régimen político o de modelo económico.
Está bien, de acuerdo. ¿Pero eso acabaría con la modernidad y la tecnología? No lo creo. Ya decía el mismo Max Weber que el "espíritu protestante" ahondaba en la transformación del capitalismo, siendo su sustento cultural. En ese sentido, podría decir, como Weber, que no necesariamente el "espíritu" de un pueblo es el refugio frente a la modernidad, más bien puede ahondarla: es lo que algunos dicen ahora del capitalismo chino, japonés e indio. La cultura y la "conciencia espiritual" también transforman la modernidad y el capitalismo, profundizándolos incluso!
En ese sentido, no veo por qué se deba asumir que la tradición y la "conciencia espiritual" puedan ser un "refugio" anti-moderno. Al contrario, la historia en el s. XX parece mostrar que las tradiciones culturales se fusionan con la modernidad y potencia y desplegan esta de una manera asombrosa. El capitalismo, evidentemente, no distingue sexo, edad, raza ni cultura.
Me reafirmo en lo dije al final del post: la modernidad llegó, cambió y destruyó, y así hay que entenderla. Si hay un renacer religioso pues bienvenido, pero por el momento así están las cosas, me parece.
Saludos cordiales,
ATTE.
Carlos Eduardo Pérez Crespo
Estimado Carlos
1. Dices correctamente: "es en la transformación espiritual, propuesta del tradicionalismo, donde el cambio sustancial se daría, lo cual estaría más allá de un cambio de régimen político o de modelo económico".
Sin embargo, no hay que entender que se trata de un mero pietismo interno, en absoluto. Esa es una forma de ver la religión establecida en Occidente a propósito de los cambios políticos operados en la modernidad.
El protestantismo en general no es 'tradicional' (hay una diferencia entre la auto-concepción normativa [ortodoxa, si quieres] de una gran tradición religiosa, y sus 'desviaciones epigonales', frente a lo que un sociólogo o científico social pueda calificar como 'tradición' en términos des-auto-normativos ^["neutros"]).
Para el sociólogo, en ambos casos hay religiosidad y con eso le basta para extraer conclusiones sobre 'la religión en tal lugar'.
Para el tronco madre de la tradición, hay una vía central que es la savia de un edificio, y vías accesorias, menores, o simplemente extrañas.
La diferencia entre el centro de una tradición y sus vías no centrales, a veces simple y llanamente desviadas, si bien es de naturaleza sofiánico-ortodoxa y por ende escapa a la perspectiva del sociólogo, se palpa con todo en el devenir del respectivo mundo y su historia. Estabilidad, profusión de ciencias y artes 'emanadas' del 'centro esencial', una extraordinaria vitalidad cualitativamente poderosa, una espiritualidad que alcanza cumbres Trascendentes. Son signos que vienen del 'centro' de dicha tradición religiosa. Y que a medida que nos alejamos de ese centro, van haciéndose más escasos o hasta contradictorios con las vías menores y/o las vías desviadas.
El protestantismo es una revuelta anti-tradicional contra el foco de tradición que latía en la cristiandad latina y de la ortodoxia oriental.
[Si me preguntas más, en mi calidad de musulmán, podré opinar más sobre este asunto, pues no soy perennialista, sin embargo, para lo que estamos tratando, con estas observaciones válidas a su propio nivel relativo creo que basta].
El protestantismo explotó en mil pedazos rápidamente. Doctrinas como el rechazo de -justamente- la Tradición y apegarse a la 'sola escritura' o el principio de libre interpretación de las escrituras (en asuntos en los que la naturaleza sofiánica efectiva de lo contemplado hacen imposible la captura masiva, democrática, de la esencia de lo Descendido), son signos claros de un antitradicionalismo (en sentido supra-sociológico).
No por nada la relativización de la prohibición de la usura empezó con el protestantismo en el ámbito cristiano occidental. Y no por nada un grupo de quakeros estuvo al inicio de lo que hoy es el monstruo supranacional del Citibank.
Por tanto, cuando mencionas que:
"La cultura y la "conciencia espiritual" también transforman la modernidad y el capitalismo, profundizándolos incluso!" es a este tipo de cosas a las que te estás refiriendo.
Eso no viene con el tradicionalismo y su proyecto.
2. De paso, en cuanto a tus observaciones sobre el capitalismo chino, japonés o indio.
La amalgama de mil pedazos que se llama tradición hindú es básicamente una ortopraxis y no una ortodoxia. Hay allí lo que ocurre en el mundo cristiano desde la penetración disolutiva del protestantismo, pero con algunas decenas de siglos más de 'maduración' de ese proceso -bajo las claves de una mentalidad y praxis orientales, con todo, lo que introduce ciertamente diferencias como por ejemplo mantener apariencias de sublimidad espiritual tradicional-.
No todas las tradiciones tienen tampoco igual potencia.
La acción de restauración corresponderá, como en todas estas acciones de amplio espectro, a los fuertes (en un sentido integral, interno-externo de fortaleza), por minoritarios que parezcan en cierto momento. Las revoluciones las organizan minorías, y son las condiciones del tiempo las que dictan si es dable o no el éxito.
Y de lo que hablaba en mis intervenciones anteriores, justamente, es que los tiempos por venir pueden reservar grandes sorpresas.
3. Mencionas, por último, lo siguiente:
"la modernidad llegó, cambió y destruyó, y así hay que entenderla. Si hay un renacer religioso pues bienvenido, pero por el momento así están las cosas, me parece."
Hay aún muchos residuos vivos, como grupos o comunidades (yo mismo he tenido experiencia en dos poderosas comunidades externamente muy pequeñas). Y dentro de estos grupos comunitarios -donde MacIntyre cifra su proyecto de empuje de las vidas buenas- aquí y allá hay Leones, Leones en el sentido tradicional, no se me malentienda.
Hay mucha más 'conservación' que lo que parece a primera vista, al menos hablo por experiencia de mi propia tradición.
Por el momento, las cosas, 'afuera' de estos centros, por así decirlo, están como las señalas. Indudablemente.
Más justamente lo que un hombre de la tradición hace es mantenerse fuerte, aumentar en fortaleza, e ir esparciendo una toma de conciencia.
Por que si en efecto, los vientos afuera cambian rápidamente en direcciones ahora insospechadas, habrá una levadura muy extendida dispuesta a 'tomar el timón de la nueva historia'.
Y en el plano de la acción política exterior, minúscula -si se me permite-, hay incluso en este estado de caos, campo para intentar varias cosas, como señalé en el blog de Ricardo a propósito de la acción política en las democracias occidentales.
Saludos,
Nureddín
1. No comprendo tú interés en subrayar que "la modernidad y la tecnología son un hecho". Como ha dicho Ricardo, eso no lo niega nadie. Ni Donoso ni de Maistre ni Maurras, ni Mussolini ni Nietzsche ni Heidegger ni Vattimo lo niegan. Los grandes demócratas plebiscitarios rousseaunianos, como Hitler, tuvieron la postura nihilista de consumar la modernidad, de llevarla a su plenitud.
Gastas pólvora en gallinazo.
2. La racionalización que va pareja con la modernidad es inexorable en relación con la tecnología, no con la política. No creo que Weber pensara que los procesos de racionalización y burocratización moderna tuvieran una conclusión normativa. O sea, del hecho de la modernidad no se sigue la salud de la modernidad. Del hecho de que envejecemos, no se sigue que es bueno envejecer. Eso se llama "la falacia naturalista" y se aplica de maravillas en estos temas.
Que haya sociedades que estimulen la vida en función de la producción y el consumo económicos no se sigue que estamos obligados a ser comerciantes o que (lo que parece sugieres), que estemos obligados a pensar como comerciantes.
3. Christian: Sí, hay que leer a Polanyi.
4. Debes saber que todos los críticos de la modernidad, desde de Maistre hasta Hitler, desde el Santo Papa Pío IX hasta MacIntyre considerarían los mismos rasgos de la modernidad que tú haces como una descripción adecuada de un proceso histórico, que era un lugar común del pensamiento del siglo XIX.
Esto que afirmas lo creía todo el mundo, o sea que si Marx o Weber lo pensaron, no inventaron la pólvora para los gallinazos que quieres liquidar. Creo que los gallinazos les hicieron justo coro.
5. No puedo evitar preguntarte esto: ¿Tú crees que alguien quiere volver al siglo XVIII?
6. Respecto del tradicionalismo: No conozco nadie que quiera el "retorno" a una sociedad agraria y analfabeta. Y créeme que conozco tradicionalistas de varios países. Los tradicionalistas hacen un diagnóstico aterrador de las consecuencias de la "racionalzación" que creo deberías revisar, pues, como han notado Christian, Ricardo Milla y Nureddín, son hoy una realidad. La civilización tecnológica liberal está destruyendo la Tierra.
Pero creo que para ti, ya que es un hecho, parece estar muy bien. Eso mismo piensan las empresas millonarias que subvencionan a los ideólogos que las defienden (bajo la palabrería de los derechos de las plantitas y otros adefesios).
Un abrazo.
Gracias por los comentarios y por acceder gentilmente al debate. Bueno, en realidad jamás se ha dicho que porque la "modernidad y la tecnología" son un hecho, son un bien en sí mismo. El punto no fue ese, la discusión más que todo era si otro esta podría "remontarse" desde otro régimen político, otro modelo económico o una "transformación espiritual". Las respuestas han sido múltiples y mi impresión (por lo menos de ahora) es que NO. Que no hay ni retorno ni freno para la modernidad y la tecnología, y es en ese sentido que cité a Marx y Weber.
En realidad hay muchas cosas para comentar, pues está también lo dicho por David. Pero extenderse por este medio sería también un poco inhumano, así que ya habrá oportunidad para conversalo con más calma. Un cordial saludo, feliz día de la amistad para todos.
ATTE.
Carlos Eduardo Pérez Crespo
No te preocupes, de la lectura de tu texto no se sigue que pasas del "es" al "debe" respecto del hecho de la modernidad. Creo que has dejado bien en claro que la modernidad tiene un lado destructivo. Ni siquiera los más entusiastas defensores de la modernidad (que no es necesariamente tu caso) niegan ese lado destructivo. Habermas denuncia la colonización del mundo de la vida por el sistema, Taylor y Sandel critican el atomismo).
El asunto es cuáles son las "alternativas" que se abren desde la crítica de la modernidad. Croiticarla desde dentro, preservando elementos centrales, o mirar con nostalgia los esquemas aristocráticos y plantear la demolición de los DDHH (yllamar al Rey de Tailandia, o postular un "fundamentalismo tipo Afganistán", como señaló Eduado alguna vez).
Saludos,
Gonzalo.
No es que vaya contra tu post, está bien hecho, pero el 'aim' cuál es? Creo que VSR tiene razón en gran parte de lo que escribe. Bueno aunque no se sigue deque por que la modernidad haya pasado tenga que ser buena.
En fin.
Saludos,
Ricardo.
Ps: estamos hablando para lo del "otro" blog....