Walter Benjamin y el teatro barroco alemán (Trauerspiel)
En el Trauerspiel, Benjamin realiza un análisis del drama barroco alemán del siglo XVII, en el cual, fundamentalmente, se centra en cómo la tragedia griega no tuvo ninguna influencia en los dramaturgos alemanes. De este modo, la Poética de Aristóteles no habría jugado ningún papel en dramaturgos, como, por ejemplo, el autodenominado “Sófocles germano”, Andreas Gryphius (1616-1664) o el diplomático Daniel Casper von Lohenstein (1635-1683). Por el contrario, la influencia estética más importante en el Trauerspiel vino del teatro jesuita y del clasicismo holandés de los siglos XVI y XVII.
En los temas de las obras del Trauerspiel, Benjamin encuentra que no existe la búsqueda de exponer al espectador a temas del Clasicismo o el Renacimiento, como el temor y la compasión, sino más bien a temas cristianos como la glorificación de Dios y la edificación de nuestros semejantes: “el Trauerspiel debe fortalecer la virtud de sus espectadores. Y, si había una virtud que fuera indispensable para sus héroes y edificante para su público, ésta era la antigua απάθεια (apátheia)” (Benjamin 1995: 61). El único paralelo entre la tragedia barroca alemana y la tragedia griega antigua, afirma Benjamin, es que el héroe siempre es un Rey. Aristóteles, añade, por tanto, es insignificante para el análisis de los objetivos estéticos y éticos que el barroco alemán tuvo para su público en el siglo XVII.
El Trauerspiel tiene como objeto, entonces, la vida histórica del siglo XVII, la cual está llena de una estética que narra la voluntad de los reyes, los infanticidios, las guerras, los lamentos y los suspiros. Por eso el Trauerspiel no puede equipararse a la tragedia del Clasicismo. La figura central en este género suele ser el Rey, en el cual se ponen a prueba las virtudes de los príncipes y sus vicios más perversos, y no, como en la tragedia clásica griega, el enfrentamiento del monarca con los dioses o el destino. El soberano es, en el Trauerspiel, el personaje central de la historia, por lo cual el objeto de su descripción en el drama barroco alemán está acompañado de una estética del héroe mítico en crisis o catarsis. Por esa razón, Benjamin afirma que quien escribía tragedias en esta época debía tener un conocimiento profundo de las artes del gobierno de los príncipes, puesto que sólo bastaba con conocer la historia política de los reyes y encontrar las palabras adecuadas para una correcta expresión estética de lo político y lo barroco.





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