TRES TESIS SOBRE EL LIBERALISMO POLÍTICO


Carlos Eduardo Pérez Crespo

1) El liberalismo es sobre todo una ética, no una forma de hacer política, fundamentada en la protección de tres derechos considerados inalienables: derecho a la vida, derecho a la propiedad y derecho a la libertad. Esto se tradujo como respeto al Estado de Derecho y la Constitución, elementos propios del régimen democrático representativo. En este sentido, el liberalismo no es, exactamente, sinónimo de capitalismo o economicismo, ya que desde Locke, Mill y Montesquieu, ha sido y sigue siendo una ética individual con consecuencias sobre lo político, y cuyos orígenes pueden encontrarse en el cristianismo y el humanismo cívico.

2) El hecho de que el liberalismo se haya fusionado con la democracia en el s. XIX le trajo una serie de problemas inexorables. Por un lado la palabra griega δημοκρατία se refería estrictamente al "gobierno del pueblo", lo cual fue traducido por Rousseau y Sieyes en el s. XVIII como la "voluntad general" o el "tercer Estado". No obstante, el liberalismo nunca aceptó esta definición de democracia como "gobierno del pueblo", sino que siempre defendió la idea de un "gobierno representativo". Entonces surgió un dilema dentro de las democracias liberales y las democracias de masas en el s. XX: la legitimidad política y el poder constituyente, emanan de las leyes y la Constitución o, por el contrario, de la "voluntad del pueblo"? Esto originó, evidentemente, dos vías antagónicas: una democracia anti-liberal (expresada en el bolchevismo y el fascismo) y una democracia liberal (EEUU y Europa Occidental). Así, lo que nos dejó esta fusión de dos tradiciones antagónicas fue una "paradoja democrática" (Mouffe), ya que ahora conviven dos formas de legitimidad política en los regímenes democrático-liberales: la ley y la Constitución y, por otro lado, el pueblo.

3) Esta disgresión no sería un problema si es que el liberalismo, en el sentido como lo hemos definido aquí, no tuviera límites. Pero el liberalismo sí tiene límites, más aún políticos. Uno de estos vacíos, tal como han señalado muchos autores, pero sobre todo Carl Schmitt, es la naturaleza del "estado de excepción". Qué pasa en aquellas circunstancias, se preguntan los críticos, que desbordan las barreras de las leyes y de la Constitución misma? La democracia liberal, en esta parte, responde ante el vacío re-afirmando sus principios: derechos del individuo y respeto a la Constitución. No obstante, el "estado de excepción" no sólo evidencia problemas jurídicos y políticos del liberalisno, sino que además hace que surja el viejo antagónico del "gobierno representativo": el pueblo (tal como aconteció en la destrucción de la República de Weimar en Alemania, y el autogolpe de 1992 de Alberto Fujimori en el Perú). Por tanto, mientras exista democracia liberal, seguirá existiendo también su intrínseco elemento destructor: el pueblo que, como un alúd sin límites, despierta en el "estado de excepción".

Comentarios

Gonzalo Gamio ha dicho que…
Hola Carlos:

El colofón de la crítica de Faverón a los coaligados:

http://puenteareo1.blogspot.com/2009/06/de-milosevic-la-coalicion.html

Saludos,
Gonzalo.

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